domingo, 8 de abril de 2018

¿DÓNDE ESTÁ, DOCTOR WHITE?


   La vida es nuestro tesoro más preciado; sobrevivir, nuestro instinto más básico. La Medicina ha logrado muchos avances para ser la respuesta cuando nuestro cuerpo enferma, pero también ha debido transitar por la periferia de la Ética para avanzar. Eso lo supo bien el doctor Robert White quien, a mediados de los setenta, consiguió trasplantar la cabeza de un mono.

   Se desconoce si llegó a lograrlo con algún ser humano.

¿DÓNDE ESTÁ, DOCTOR WHITE?




   Doctor White, ¿cuándo va a limpiarme las babas? ¡Maldito cabrón! ¡Abra la puerta del sótano y tráigame el sedante! Por favor…, las pirañas muerden cada vez con más fuerza.


06:00 h

La cámara frigorífica no deja de pitar y no sé desde cuándo. ¡Hijo de puta cobarde y mentiroso! ¡Necesito que compruebe el generador eléctrico!

Cálmate. El zumbido de la batería a la que está conectada Sara sigue atormentando mis oídos. Eso es bueno. Además, puede que las seis que marca el reloj de la pared sean de la madrugada y el doctor esté durmiendo. ¿Por qué quitó el crucifijo que lo flanqueaba?  No oigo a los monos. Solo el insoportable martilleo del brazo de Chita contra los barrotes de su jaula. Pero eso no significa que esté despierta, claro.

Doctor, la mesa de operaciones está preparada. ¿A qué espera para regresar a hacer su trabajo?

06:01 h

No piense que soy un desagradecido. Soy consciente de lo que ha hecho por mí. Comprendo por lo que ha tenido que pasar. Fui yo quién le buscó. Solo le pido que baje a comprobar que el generador eléctrico funcione y cumpla de una maldita vez con su parte del trato. ¡Ahora que por fin lo ha logrado! ¿No es a eso a lo que ha dedicado su vida? Recuerde mi cuantiosa donación que le permitió continuar con sus investigaciones. ¡Por el amor de Dios! ¡Sea el mismo hombre que conocí aquel día en el Metrohealth Medical Center!… ¿cuánto hace ya?

Estuve un rato observándole desde la puerta de su despacho mientras empaquetaba, ensimismado, sus libros y el instrumental. Renegaba entre dientes. Sobre la mesa solo quedaba un marco con la foto de una mujer. Su esposa. ¿La echa de menos? ¿Es por eso, doctor? Lo habían invitado a abandonar el centro tras el escándalo provocado por la demostración pública de sus investigaciones. Había conseguido trasplantar la cabeza de un pequeño mono al cuerpo de otro y logró que permaneciera con vida durante dos días. Lo llamaron «Doctor Frankenstein» o «Doctor Muerte». A mí me importaba bien poco que las asociaciones de defensa de los derechos de los animales le acusaran de sádico o diablo. Usted era mi salvador.

Tuve que repetir su nombre tres veces antes de que se diera cuenta de mi presencia. Ni siquiera levantó la vista, enfrascado en el trajín de cajas.

—Si es de la prensa, ¡márchese! Y si no lo es, ¡márchese! —me dijo.

—Soy un cheque de muchos ceros que va a permitir que continúe con sus investigaciones —le respondí.

Mi ocurrencia consiguió captar su atención. ¡Oh, sí! ¡Vaya si lo hizo! Pensé que era más viejo, pero no. Un cuarentón como yo, aunque con la típica imagen estereotipada de un científico excéntrico y genial. Tenía una frondosa y desmadejada cabellera negra que culminaba su rostro aguileño.

—Veo que es creyente —le dije al acercarme y observar un crucifijo que sobresalía de las cajas—. Me sorprende para ser alguien al que han caricaturizado como diablo.

—¡Necios! —dijo señalando con el dedo al aire—. Ignorantes, inquisidores de la peor especie. Sus cortas miras no ven lo que estoy a punto de conseguir. Pero eso no les importa. ¿La solución para las tetraplejias, la esclerosis o la distrofia muscular? ¿Qué más da? ¡Ciegos! ¿Acaso no es el hombre la joya más preciada de la Creación? ¿No deberíamos utilizar nuestra inteligencia para conseguir su bienestar y supervivencia? ¿Derechos de los animales? ¿De los monos? ¡Bah! ¿Cuándo un mono ha construido una catedral?

Nunca podrá darse cuenta de la emoción que sentí al escucharle, doctor. La pasión de sus palabras, su mirada eléctrica… ¿Dónde fueron después?

06:04 h

¡Joder, doctor White! Lo… lo necesito. Ese pitido de la cámara frigorífica me está volviendo loco. Necesito escucharle. Necesito que me mire. Estoy aquí. Junto a sus monos. Junto a Chita y Tarzán. Sigo teniendo un nombre. ¡Sigo siendo humano! ¿No fue usted quien dijo aquello de que el cerebro era el lugar donde residía el alma? ¡Oh, sí! Seguro que lo recuerda. Fue mientras sacaba el talonario de mi bolsillo y lo dejaba sobre la mesa. Al lado de la foto de su esposa.

—Doctor White, tras el trasplante de cabeza… imagino que seguiremos siendo la misma persona.

—En realidad yo lo veo como un trasplante de cuerpo. Si le amputo un brazo, ¿dejaría de ser usted?  ¡Claro que no! Aunque perdiera los dos brazos y las dos piernas seguiría siendo la misma persona porque lo que somos se encuentra aquí —me dijo tocándose la sien con su dedo índice—. Mientras tengamos conciencia seremos humanos.

No me hizo falta más para rellenar el talón con los ceros prometidos.

—Detrás de este talón hay algo más que un interés por la ciencia —le dije—. Me han diagnosticado un cáncer de páncreas y se está extendiendo. No se puede operar. Necesito un cuerpo nuevo.

Lo necesitaba entonces, doctor. Y lo necesito ahora. Seguro que ha escuchado los pitidos de la cámara frigorífica, ¿Por qué no baja a comprobar la instalación eléctrica? ¿Es que no le importa que la batería se agote?

¡Hijo de puta! ¿Acaso ya no le importo?

06:06 h

Se lo suplico, doctor. Tengo miedo. No quiero morir. Temo que esta oscuridad sea el único testigo de mi fin. Vuelva como solía hacerlo: dándome ánimos; prometiéndome que pronto saldría caminando de este sótano. Andando con mis propios pies. ¿Sabe dónde iré cuando salga de aquí, doctor? A la playa… No, mejor a un prado tupido de hierba para sentir su frescor y su tacto en las plantas de los pies.

     Eso haré cuando me desconecte de Sara, doctor. Sí. Ese es el nombre que le he puesto a su máquina de perfusión sanguínea. A veces logro escuchar el frufrú de su mecanismo. Si me concentro, logro distinguirlo del zumbido de la batería o de los golpes de los monos. Eso me tranquiliza. Pero ahora no puedo. ¡No puedo por culpa de ese condenado pitido de la cámara frigorífica!

       Sara. No sé por qué le puse ese nombre. Jamás me acosté con ninguna mujer que se llamara así. Aunque tal vez sea por eso. A veces la odio, doctor. Y no debiera, dado que me permite seguir vivo. Conectado a ella, como aquel mono; como aquella cosa que seguía con la mirada su dedo. Je, je, je... Jodido, mono. ¡Hasta intentaba morderle el dedo! Sí, lo recuerdo muy bien, fue el día en el que le dije que había llegado el momento.

      Los órganos vitales comenzaban a fallarme. No podía esperar más, pero me respondió que todavía no podía darme garantías. Ninguno de los monos había logrado vivir más allá de cinco días. Tampoco eran capaces de controlar su cuerpo. Pero al menos había conseguido perfeccionar una máquina que tras la decapitación podría mantenerme vivo y consciente. Conectada la cabeza a ella, el cerebro recibiría el oxígeno de la sangre almacenada en un depósito que, a través de otro pequeño artilugio, la renovaba mediante una diálisis continua.

No me importó esperar lo que hiciera falta. Porque así es cómo funcionan los negocios. Y la vida. Cada uno es responsable de su conducta. De sus actos y decisiones, doctor. ¿Cree que dudé cuando me advirtió del dolor? No, doctor White.

—Desconozco el dolor que podrá sentir tras la decapitación.

—¿A qué se refiere, doctor?

—¿Ha oído hablar del Síndrome del miembro fantasma? Al perder una extremidad se produce una percepción muy dolorosa en el cerebro. No puedo imaginar cómo será en el caso de la pérdida del cuerpo entero.

No lo dudé entonces. Y le aseguro que de haber sido consciente del dolor inhumano que soportaría después, tampoco hubiera cambiado mi decisión.

¿Lo ve, doctor? Así se construye el éxito. ¡Baje de una puta vez al sótano!

06:10 h

La bata blanca sigue colgada del perchero. ¿Cuánto hace que permanece allí? Últimamente solo me atiende en chándal. El mismo chándal mugriento un día tras otro. ¿Por qué no se pone la bata blanca y radiante con la que me recibió en su casa? Sonreía apoyado en el marco de la puerta. Me apretó la mano con fuerza. Me dijo que pronto volvería a cruzar esa misma puerta con un cuerpo sano. Completamente sano. En el comedor se encontraba su mujer. Me miró de una forma severa. Miento. Me miró con asco. Creo que se llamaba Marie. Nunca más la volvió a nombrar.

Camino del sótano pasó su brazo por encima de mi hombro y me preguntó si de verdad estaba convencido.

Le respondí que sí.

Reconozco que hizo buen uso de mi dinero y convirtió el sótano en un quirófano de verdad. También había logrado reunir a un buen número de personal sanitario al que le importaba menos las cuestiones éticas que su economía. Como debe ser. Me tumbé en la camilla. Antes de que la anestesia me hiciera efecto me dijo que no me preocupara, que todo saldría bien. Sí, eso es lo que salió de sus labios, doctor.

Cuando recuperé la consciencia se encontraba a mi lado. Traté de mover mis inexistentes brazos y piernas. El dolor fue insoportable: como si me hubieran despellejado y bañado en sal. Fue en ese momento cuando sentí a las pirañas por primera vez. Mordiendo cada gramo de mi carne fantasmal, una y otra vez. Usted me consoló. Había vertido sedante en la sangre y me preguntó si quería que aumentara la dosis. Traté de implorarle que sí. Pero no pude. No tenía pulmones de los que extraer aire para poder hablar.

06:12 h

Oigo los gemidos procedentes de la jaula de Chita. Parece que se ha despertado. Junto a Tarzán, son los únicos supervivientes de los incontables monos que han sido traídos a este sótano. Chita fue el primer trasplante de cabeza que realizó aquí, en mi presencia. Conforme llevaba a cabo la cirugía me comentaba cada uno de los pasos. De vez en cuando me lanzaba miradas de satisfacción. Me estremecí al ver cómo conectaba la cabeza a la máquina de perfusión sanguínea. A continuación, extrajo de la cámara frigorífica un cuerpo decapitado y lo colocó en un barreño de agua caliente para que se descongelara.

Al terminar el trasplante esperó pacientemente junto a mí a que Chita despertara. Cuando lo hizo, empezó a mover torpemente su brazo.

—¡¿Lo ve?!, ¡¿lo ve?! —jaleó dando besos al pequeño mono—. ¡Pronto! ¡Muy pronto, querido amigo!

Pero en los días que siguieron Chita no adquirió más movilidad. ¿Por qué no la sacrificó? ¡¿Por qué me obliga a escuchar segundo tras segundo su compulsivo braceo contra los barrotes de la jaula?

06:14 h

En realidad, la culpa es mía. ¿No es mejor morir a vivir encerrado en este sótano? Doctor, olvide todo lo que le he dicho. No puedo reprocharle nada. Usted ha estado siempre a mi lado. Yo le obligué con mi dinero. Para usted, su investigación era lo más importante y yo lo chantajeé con la única posibilidad de continuar llevándola a cabo. No puedo recriminarle ni siquiera que llegara a evitar mi mirada ¿Cree que no me he dí cuenta que empezó a darme la espalda mientras operaba? ¿O de que esperaba a que me durmiera para limpiarme las babas y curarme las llagas? Dejó de mirarme. Dejó de hablarme. Dejó de animarme. No lo culpo por ello. Merezco todo el asco que pueda causarle. Merezco morir.

06:15 h

¡No! ¡No puedo morir! ¡No quiero morir! Y menos encerrado en este sótano con esos asquerosos monos. Saldré de esta como he salido de tantas en mi vida. Doctor White, recapacite y vuelva con el cuerpo que me ha prometido. No. Prometido, no. ¡Comprometido! En el mundo en el que yo vivía, quien no cumplía con sus obligaciones recibía el oportuno castigo. No quiero eso para usted. Pronto volveré a andar, a triunfar, y a follarme a todas esas putas que me están esperando.

 Vamos, doctor White. Su mujer ya no vive aquí. Hace tiempo que no oigo gritos ni discusiones en la casa. Ya nada le aparta de sus investigaciones. Luche por vocación, por compasión o por rabia, me da igual, pero luche por mí. ¿Cómo cree que llegué a hablar? Fue la ira la que consiguió que utilizara cada molécula de aire acumulada bajo mi laringe. Sí, doctor. La ira que sentía cuando se marchaba del sótano sin decirme adiós. ¡Ja, ja, ja! Tendría que haberse visto la cara cuando le grité:

—¡Doc…tor…White!, ¿dón….desstá…mi cuer…po?!

         06:17 h

Me preocupa el tiempo que llevo aquí. ¿Cuánto ha pasado? Los sedantes y la falta de la luz del día han conseguido desorientarme. ¿Días? ¿Meses? Dios mío, ¿años? Doctor, he notado que su rostro ha envejecido y sus ojos no transmiten brillantez, sino cansancio. Su frondosa melena no es ahora más que una rala mata de canas.

         06:18 h

No va a volver, ¿verdad, doctor? Me ha abandonado. Le importa un pimiento si la cámara frigorífica está apagada. Seguro que hasta se alegraría de meter lo que queda de mí en una bolsa de basura. Sin culpas, sin remordimientos. ¡Maldito cabrón! Ahora comprendo sus últimas palabras. Aquellas que me dijo cuando descolgó el crucifijo de la pared.

Tarzán ya se ha despertado y, como siempre, la jaula donde vive se tambalea con sus saltos. Él ha sido el último trasplante. Él ha sido por fin el éxito. No llegué a presenciar esa intervención. Estaba dormido. Cuando desperté ya había terminado el trasplante. Rezaba arrodillado ante el crucifijo. El mono movía los brazos y luego los pies. E, incluso, se incorporó.

—¡Porr finn!

—Necesitaba un cuerpo vivo. ¿Lo entiende? ¡Vivo! 

—¿Con…siiii...gaaa mi cuerrr…po?

Se puso en pie y corrió hacia mí. Acercó tanto su rostro que noté su aliento, y sus ojos exorbitados clavados en los míos.

—¿Entiende lo que le digo? Se necesita un cuerpo vivo. No podemos esperar a que el donante muera para hacer el trasplante.

—Quieee….ro mi cuerrr…po.

—¡¿Es que no me escucha?! ¡Por Dios! ¡Eso sería un asesinato!

—Hágaa... looo.

Pareció haber visto al mismísimo demonio devorando al niño Jesús. Se tapó la cara. Dio lentamente la vuelta y, tras meter a Tarzán en la jaula, se santiguó. Después cogió un espejo. ¿Tenía que hacerlo, hijo de puta?

—No puedo… ¿Una vez me preguntó hasta dónde estaría dispuesto a llegar por el éxito de mis investigaciones? Mi límite es matar, no pienso llegar a eso.

—Me prooo… metió un cuerrr... po.

—¡Maldita sea! ¿Cree que voy a matar a alguien para darle un cuerpo a esto?

Y entonces puso el espejo ante mí. ¿Tenía que mostrarme el monstruo en el que me había convertido? ¿Quería convencerme de que ya no era hijo de Dios? ¿O acaso quería convencerse usted? A pesar de mi pobre visión pude distinguir una masa deforme más o menos circular. Cada lado de la cara era asimétrico, las arrugas se confundían con el escaso pelo blanco que se deslizaba por mis sienes; los ojos parecían inyectados en sangre y, a su alrededor, se habían formado bolsas moradas; llagas rojas se acumulaban alrededor de una boca desdentada y unos labios negros.

—Pobre desgraciado. ¿Quién merece esta existencia? —me dijo apartando el espejo—. Mire, sería muy sencillo…, solo tengo que verter una sustancia en el depósito de sangre y no sentirá nada.

—No qui… ero moo... rirrr. Mie… ntras ten… gaa… mosss concieeeen… cia sere… mos hu… ma… nos.

Por primera vez lo vi llorar. No dijo nada más. Dio media vuelta y antes de salir del sótano descolgó el crucifijo de la pared.

06:21 h

 Me da igual que me haya abandonado. Sigo vivo. Alguien bajará a buscarme. Tengo tiempo. Mientras esté conectado a Sara tengo todo el tiempo del mundo. No me importa ni la peste de los cuerpos en descomposición de los monos cuando mueran de hambre. Casi disfruto con las pirañas que me hacen sentir vivo. Cuando salga de este agujero lo encontraré, y juro por Dios que le haré pagar por cada minuto que he estado en este cuchitril.

Solo me preocupa que la cámara frigorífica ha dejado ya de pitar.

06:22 h

¡Por el amor de Dios, doctor White! ¡Tenga piedad! Estoy asustado, ¡tengo muchísimo miedo! Una luz roja parpadeante está iluminando el sótano. Temo que esa luz provenga de la batería, ya no escucho su zumbido. Eso significaría que… Doctor, por lo que más quiera, ¡ayúdeme!

Tengo que gritar, avisarle. ¿Tendré aire?

—¡Doc... torr Whi… te!, ¿dón… desstaá?


© David Rubio Sánchez. Texto y dibujo.

61 comentarios:

  1. ¡Fantástico David!

    A través de ese angustioso minutero has conseguido crear una excelente tensión narrativa y un climax final, que nos lleva a preguntarnos por el instinto o la locura humana que seguro algún individuo tendría por agarrarse a la vida por el método que sea y como sea. Al lado de esto, la criogenización es un cuento de hadas tipo Disney y nunca mejor dicho, ja,ja,ja. Recuerdo que hace unos años que un equipo médico en China, intentó emular los experimentos del señor White y consiguieron mantener a un mono con vida durante unas horas sino recuerdo mal. Creo y como cuestión de fondo, que todo es cuestión de ética y desde luego pienso que a veces la realidad supera con creces a la ficción.

    Un abrazo y enhorabuena por tan trabajado relato.

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    1. Gracias, Miguel. Este fue uno de esos relatos que nacen mientras buscas información para otro. Di con este personaje y sus locos experimentos y no pude evitar fantasear con él. Aunque parezca mentira, ideó esa máquina de perfusión. El dato del equipo médico de China lo desconocía y me lo anoto por si me decido a una segunda parte.
      La verdad es que me apasiona el tema de la inmortalidad. Tan deseada por el ser humano, pero que me aterra que pueda llegar a conseguirse. Pienso que paradojicamente podría significar el fin de la humanidad. Por un lado significaría la discriminación entre ricos y pobres, ¿quién podría conseguir ese tratamiento? Por otro lado, no puedo imaginar la sobrepoblación que soportaríamos, la propia concepción de la vida nos cambiaría. Sinceramente, no creo que como sociedad tengamos la madurez para ese logro científico. Un fuerte abrazo!!

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  2. El recurso del minutero crea una tensión que lo es todo en el relato David,... enhorabuena, uno se engancha de inmediato (te confieso que en varias ocasiones le he dado al scroll para ver cuanto faltaba,... jajaja). Estupendo relato, como siempre!

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    1. Gracias, Norte. Ese minutero tenía dos funciones. Por un lado, hacer más amable la lectura, es un relato largo para leer en la pantalla y pensé que de ese manera el texto se hacía menos pesado visualmente. Por otro lado, he intentado que su lento avance diera una mayor sensación de la desesperación y abandono del personaje. Un abrazo!

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  3. ¡Madre mía David! ¡Qué sensación de angustia!
    En realidad, lo que me gustan de tus relatos, es que me siento personaje la mayor parte de las veces o, al menos, mi mente se "pone en posición" y creo estar viviendo la misma experiencia que narras. Eso es lo que se llama ser buen escritor.
    Un buen trasfondo el de tu historia en la búsqueda del equilibrio entre la medicina y la moral. De no haber vencido muchos de los debates, la medicina no hubiera avanzado tanto en la actualidad. Me viene a la mente ahora, las muertes en época de la Inquisición por la aventura de los primeros doctores a estudiar el cuerpo humano ya inerte. No obstante, hay límites, para mi mente al menos, imposibles de traspasar.
    Una muy buena historia, David. Un abrazo!!!!!

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    1. Gracias, Macarena. Te agradezco mucho tu comentario, desde luego que si he conseguido que te sientas lo que siente el personaje es el mayor halago que puedo recibir. Cuando escribo intento ser yo mismo el personaje. En este caso, imaginarme qué sentiría si solo fuera una cabeza en un sótano oscuro, indefenso, abandonado. Un fuerte abrazo!!

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  4. Qué escalofriante David! Me ha recordado a la pobre Sarah jessica Parker en Mars Attack!La verdad es que la desesperación a veces lleva al límite las decisiones. Lo del minutero me ha encantado, una gran forma de darle tensión al relato.
    Me ha encantado, es original y transmite la angustia en cada momento!! Felicidades David, otro relato espectacular!! Un besito :)

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    1. Gracias, María. Como he comentado el minutero tenía la intención de hacer más amable visualmente la lectura. Al ser largo, pensé que sería un buen recurso para generar espacio blanco.
      En cuanto a la angustia utilicé algo que me encanta. Son los estados del duelo, las distintas emociones que van de la ira a la aceptación creo que son una buena guía para que la historia avance. Un fuerte abrazo!!

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  5. Ufffff, qué angustia y qué tensión.
    Me ha encantado, es muy original y el tema de la medicina da para mucho.
    Un abrazo y ese minutero a cada poco es genial, yo creo que es la clave.

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    1. Gracias, Gemma. Me alegra que te gustara. El minutero, como ya he comentado, es por un tema estético, para darle un aspecto mas amable al texto. Un abrazo!!

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  6. Enhorabuena, David. No sé qué me ha impactado más, si la angustia que transmite el protagonista o lo bien contado que está el relato con esos saltos en el tiempo. Tengo la boca seca de la ansiedad por saber cómo seguía. Y al final nos dejas con el debate no resuelto sobre los límites entre la ciencia y la ética que deduzco que llevó al suicidio al Dr White. Lo dicho, felicidades y un abrazo

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    1. Gracias, Ana. La verdad es que es un relato que me ha dado muchos quebraderos de cabeza. Entre la segunda persona, el flashback, la visión limitada del personaje... Ni te cuento la de veces que lo he llegado a reescribir en estos años. Un fuerte abrazo!!

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  7. ¡Hola David! Desde luego la angustia y la tensión están garantizadas al leer este estupendo relato, que son dos sensaciones agradables/desagradables que podemos sentir al leer un relato o ver una película. La desesperación del protagonista es absoluta y a pesar de que a veces muestra algo de esperanza en algunos momentos, todos tenemos la sensación de que va a acabar mal.
    Enhorabuena y ¡un fuerte abrazo!

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    1. Gracias, Ziortza. Como guía para conseguir esos distintos estados de ánimo utilicé los siete estadios del duelo, que van desde la ira a la aceptación. Pienso que son un sencillo recurso que sirven de motor a cualquier trama. Un abrazo!!

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  8. Me ha gustado mucho, David. Lo que da de sí la ciencia en cuanto a temas de terror es algo que debería hacernos pensar y es que según en qué manos caiga puede ser una herramienta maravillosa o un arma letal.
    Está muy bien planteado y, como dice Miguel, ese minutero que va descontando tiempo, añade terror a la trama.
    Un beso.

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    1. Gracias, Rosa. La ciencia, más en concreto el mito del científico loco es una mina para el género fantástico. En este caso, el personaje del doctor Robert White fue real, y también sus experimentos, ¡hasta esa máquina de perfusión! En el fondo subyace el profundo deseo del ser humano de convertirse en Dios, en mi opinión.
      Un fuerte abrazo!!

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  9. Genial, me has tenido atrapada hasta el final, con ese toque final que me ha gustado mucho.
    La ciencia y la medicina dan para mucho.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Teresa. Me alegra de haberte "secuestrado" unos minutos. Un fuerte abrazo!

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  10. hola! fantastico, y algo espeluznante! saludosbuhos

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    1. Gracias, Búho. Celebro que te haya gustado. Saludos tinteros!

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  11. Excelente relato, que impacta y angustia, siempre me dejas admirada.

    Mi admiración.

    Besos enormes.

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    1. Gracias, María. Con conseguir que el relato te entretenga me doy por pagado. Un fuerte abrazo!!

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  12. ¡Ufff David! qué angustia y ese minutero que da pautas al relato. Deseas que llegue el final y adivinas que algo va a pasar más cruel. Un abrazo.

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    1. Gracias, Carmen. La verdad es que la situación tenía mal arreglo. Celebro haberte tenido angustiada. Un fuerte abrazo!!

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  13. Un relato genial, David, me ha encantado de principio a fin. Qué forma tan terrible de alcanzar el éxito para el ciéntifico; y qué forma tan angustiosa de morir para el fruto del experimento.
    No llegamos a saber los motivos por los que el doctor White no vuelve al sótano, pero se intuyen y son igualmente terroríficos. Por unos momentos, mientras te leía, yo misma he experimentado la sensación de no poder moverme, de estar a expensas de ese doctor que se niega a terminar su trabajo...
    Un placer leerte, como siempre.
    ¡Un abrazo!

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    1. Gracias, Julia. ¿Quién sabe el destino del buen doctor? En este caso el éxito llegó de manera tardía y en forma de una respuesta que le supuso un dilema que le llevó a dejar el trabajo de su vida.
      Me encanta haber conseguido ponerte en la piel del protagonista, sin duda es el mejor halago que podría recibir este relato. Un fuerte abrazo!!

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  14. Lo que más impresiona es la sensación de verosimilitud.
    Muy bueno.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Macondo. Bueno, el doctor White existió realmente y el método de trabajo, máquina de perfusión incluida, es el que utilizaba en los experimentos con sus monos. En el aspecto científico el único aporte es esa bolsa de aire que le permitía hablar, algo que imagino imposible, aunque haya intentado darle una cierta explicación. Un fuerte abrazo!!

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  15. Leyendo este angustioso relato, me ha venido a la memoria la película "Y Johnny cogió su fusil", sobre el joven soldado que ha perdido todas sus extremidades y los sentidos de la vista y el oído y lo mantienen en una caja como un espécimen al que estudiar.
    A medida que avanzaba en la lectura, a lo largo de esa cuenta atrás, he sentido el horror del protagonista ante el abandono del que ha acabado siendo objeto.
    No sé si algún día se logrará trasplantar un cerebro, o un cuerpo entero. Esperemos que no. Esperemos que no hayan más doctores Frankenstein sueltos por ahí ni personas que, por muy desesperadas que estén, deseen ponerse en sus manos.
    Un gran relato.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Josep. Creo que el futuro nos va a llevar a algo todavía más inquietante. Seguramente llegará el día en el que se pueda volcar toda nuestra memoria en un soporte digital y, a su vez, insertar esa información en un cuerpo artificial. Algo que sin duda da para montones de historias de ciencia ficción, y que nos llevará a unos debates morales y éticos impresionantes.
      Me alegra que te haya transmitido esas sensaciones. En este relato utilicé los siete estados de la aceptación del duelo. Creo que son una excelente guía para estructurar una trama. Un fuerte abrazo!!

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  16. Muy bien transmitida esa angustia del protagonista que va pasando por diferentes fases, desde la lamentación hasta la amenaza. El poner la hora ayuda aún más a sentir esa agonía, pasan 22 minutos y parece que son horas las que el sujeto está agonizando.
    Además, planteas un dilema que a más de uno quita el sueño. Si se pudiera trasplantar el cerebro de una persona a otra, cuál sería el resultado exactamente, quién "mandaría" sobre quién, ¿el dueño del cerebro o el del cuerpo? Se supone que el primero, pero eso es mucho suponer, no todas las sensaciones están localizadas en ese órgano. Otra cuestión que a mí me ha surgido leyéndote es si hay que estar vivo a cambio de "lo que sea" o si "el fin, justifica los medios".
    En fin, que es un tema más que interesante.
    Enhorabuena, David.
    Un beso grande.

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    1. Gracias, Paloma. El minutero cumple una doble función. La de fondo, es la que apuntas: hacer sentir el lento pasar del tiempo. La otra es pura estética. Al ser un relato largo, quizá demasiado para leerlo en el pc o en el móvil, he pensado que incorporando esos marcadores genera el espacio en blanco para que el texto sea más amable visualmente. Lo estructura como capítulos, al pasar la hora vemos por el rabillo del ojo la siguiente y da menos pereza leer.
      En cuanto al estado emocional me he basado en los estados del duelo: ira, negociación, depresión, aceptación... creo que ese proceso psicológico nos puede servir para estructurar una trama.
      Un abrazo!!

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  17. ¡Qué relato más agónico, David! He sentido la angustia, la ira y la comprensión del protagonista, haciéndolas mías. ¿Dónde estará el doctor White? ¿Volverá a terminar su investigación o dejará que muera lentamente, solo en aquel sótano? La verdad es que no envidio el destino de este pobre diablo.
    Un abrazo, compañero.

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    1. Gracias, Bruno. Creo que el estadio de mayor abandono que podemos sentir, es el vacío. Que nadie te mire, te hable... allí abandonado en un sótano, indefenso, esperando que alguien abra la puerta... No, desde luego mejor no estar en su pellejo. Un fuerte abrazo!!

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    1. Gracias, Isabel. Aquí estará mientras Internet exista para que puedas echarle un vistazo cuando puedas. Un fuerte abrazo!!

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  19. Excelente relato David. La angustia y tension ha llegado hasta el final. Un saludo.

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    1. Gracias, Vicenta. Es un relato quizá demasiado largo para publicarlo en un blog, así que te agradezco que hayas llegado a ese final. Un abrazo!

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  20. Uffff! Que tensión!
    Magnífico 👏👏👏👏👏
    Besicos

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    1. Gracias, Mary. Te agradezco mucho esos aplausos. Un abrazo!!

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  21. ¡Tú sí que sabes compañero! Que gran relato. Me gusta todo. Cómo has construido la trama a partir de los pensamientos y recuerdos del sujeto, siguiendo esa estructura que comentas del duelo; cómo has expresado la terrible angustia y el dolor (el símil de las pirañas es genial); cómo le has dado verosimilitud al argumento, incluyendo detalles muy buenos como la máquina de perfusión o la imposibilidad de hablar por falta de pulmones) En definitiva, un gran trabajo.
    A mí también me atrae mucho el dilema ético que se genera en torno a la inmortalidad o la prolongación de la vida. También lo que se refiere a la pregunta ¿Donde reside la consciencia?. ¿Serán posibles, en un futuro, este tipo de transferencias? Lo que yo apunto en "Animación suspendida", tú lo desarrollas aquí en un excelente relato de terror a lo Hitchcock que me ha recordado, en cierta medida, a aquella vieja peli gore, "Reanimator"
    Excelente, David
    Un fuerte abrazo

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    1. Gracias, Isidoro. Me alegra que te hayas fijado en eso de las pirañas y los pulmones. Eso es cosecha propia, pero ¡tachán! la máquina de perfusión fue creada realmente por este buen doctor. De hecho hay fotos de pobres monos conectados a ella en la Red.
      La verdad es que pienso que el futuro no va a traernos estos trasplantes de cabeza, sino volcados de memoria. Creo que se conseguirá realizar una copia de nuestra memoria y volcarla a un soporte digital y, a partir de ahí, a un cuerpo artificial, algo así como una película de Johny Deep que ahora no recuerdo el título.
      Me ha encantado el símil con Hitchcock o Reanimator. El dibujo con el que acompaño el relato es un intento de homenaje a las portadas de los clásicos cómics de la EC los que editaron Historias de la cripta que seguro has leído. Un fuerte abrazo!!

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  22. Acabo de terminar de leer tu relato David, es buenísimo, de los que recuerdo haberte leído (y tengo tu libro), es el que más me ha impresionado: por la forma y el modo; por la cuestión de la ética en permitir la prolongación de la vida más allá de lo humanamente posible; por la disposición de la narrativa a favor de la tensión (ese crono amenazante); por la angustia que has sabido generar.
    Matrícula de honor, y en un género, que como lectora, no suele emocionarme.
    Enhorabuena David

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    1. Gracias, Isabel. Creo que es porque está escrito en primera y segunda persona. Normalmente escribo en tercera, dando más importancia a la historia que al personaje. En este eso no podía ser, debía estar escrito desde dentro de esa pobre cabeza abandonada en el sótano. Utilicé como guía para la evolución del personaje los famosos estados del duelo.
      El reloj es para darle un aspecto más amable al texto, dado que es muy extenso para leerlo en una pantalla. Pensé que al intercalar las horas se haría menos pesado. También he intentado jugar con el tiempo para mostrar la rapidez en la que el personaje pasa de la ira, a la negociación; o del odio, a la resignación. Un fuerte abrazo!!

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  23. Hola, nueva seguidora; felicitaciones por blogs y publicaciones; este es el último publicado por mí: https://ioamoilibrieleserietv.blogspot.it/2018/04/recensione-serie-diabolic-s-j-kincaid.html

    Si quieres te espero como lectora permanente

    Gracias

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    1. Gracias, Benedetta. espero que te gusten las futuras publicaciones. Saludos.

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  24. Guauu, lo que dan de sí apenas 22 minutos! Pues dan para cientos de pensamientos contradictorios encontrados, sonando al unísono en una cabeza que quiere ser arrancada de su cuerpo... ¿o viceversa? Así es, lo que nos hace humanos es nuestra conciencia, pero no sé si merece la pena conservarla cuando la carne que la contiene comienza a infligir dolor. Tal vez el instinto de supervivencia sea más fuerte que cualquier otra cosa.
    Fantástico y trepidante relato, David.
    Un abrazo de viernes.

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    1. Gracias, Sofía. Precisamente cuando estuve leyendo tu artículo de ayer sobre la eutanasia tenía en mente este relato. ¿Por cuántos estados de ánimo podemos pasar cuando solo tenemos tiempo para pensar? La desesperación es un motor terrible de conflicto: a veces, la aceptamos; en otras ocasiones, nos rebelamos contra ella. Como bien dices, es la contradicción la esencia del ser humano. La duda, más que la certeza, es lo que nos permite avanzar. Y sí, creo que todo se resume en el instinto de supervivencia.
      Un abrazo!!

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  25. Impresionante David, consigues que esos minutos se hagan eternos y describes perfectamente la angustia del protagonista, me ha gustado la manera en que has ido contando su estado emocional, esas oscilaciones de un estado a otro y mientras ibas impregnando al lector de su desesperación.

    El tema, de los apasionantes, la búsqueda de la vida eterna con todos los debates éticos y morales que pueden haber detrás de eso. ¿Todo vale? Para algunos parece que sí, aunque las consecuencias se desconozcan.
    Un abrazo

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    1. Gracias, Conxita. La verdad es que el pobre hombre vivía en un tormento emocional. He comentado que me guié por la clasificación psicológica de los llamados Estados del duelo, Ira, negación, negociación... que al final nos llevan a la aceptación de la pérdida. El uso del minutero tenía la intención de mostrar lo cambiante que puede ser nuestro ánimo en un solo minuto, cuando no se tiene otra cosa que hacer que darle vueltas a uno mismo.
      La ciencia siempre será un terreno abonado para escribir, en el fondo creo que el ser humano ansía ser Dios, llegar a controlar su entorno y sus deseos es el fin de la Humanidad.
      Un fuerte abrazo!!

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  26. Mezclar a Poe con Mary Shelley usando con tanta frescura los referentes y aportando luz propia tiene mucho mérito, David y tú has sabido hacerlo estupendamente y con la tensión requerida.
    Algunos científicos creen haber probado que las neuronas no son solo están en nuestro cerebro y que en cualquier parte del cuerpo también pueden tener alojamiento. Si cualquier parte del cuerpo es también mente quizás se pudieran explicar ciertas situaciones y sensaciones en la que sabemos que nuestro cerebro no llevaba la voz cantante. Hay tantas.

    Un abrazo

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    1. Por cierto ¿has visto Re-animator? Es una película espeluznante que he recordado al leer tu historia.

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    2. Gracias, Doctor. ¡Por supuesto que vi Re-animator! y también La novia de Reanimator, y me parece que hicieron una tercera o un remake. La verdad es que consumí mucho terror serie B de adolescente.
      Lo que apuntas es realmente interesante, parece ser que cada célula, el ADN contiene, guarda un recuerdo de nuestros descendientes. Ahora no recuerdo el nombre, creo que es epigenética pero no me hagas mucho caso. De confirmarse y comprenderse sería impresionante y quien sabe si ello le daría la razón a Lamarck y sus caracteres adquiridos. No sé, pero desde luego la ciencia es un campo de ideas maravilloso para escribir y divagar sobre ellas. Un fuerte abrazo!!

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  27. Sin duda alguna, un gran relato, David, de esos que te atrapan desde la primera línea y no te sueltan hasta el final. Sabes captar la atención del lector y mantener la tensión narrativa hasta el certero desenlace. Muy logrado ese desarrollo escalonado de la trama, combinando pasado y presente, para ir revelándonos en calculadas dosis las sucesivas fases de un proceso experimental sobre el cual se ha fantaseado más de una vez. Realmente, logras meternos en la cabeza del angustiado paciente, lo único que le que queda, por otra parte, y vivir la horrible experiencia en el fantástico y futurista quirófano. Es una historia que evoca múltiples referencias del cine y la literatura fantástica y nos invita a una profunda e inquietante reflexión.
    Enhorabuena, David por el relato y saludos cordiales.

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    1. Gracias, Paco. Como dices es un relato en el que sin duda cabalga a hombros de muchas de las historias de terror que he consumido, sobre todo aquellas de serie B o cómics. En este caso la trama no es más que la historia de unas ilusiones perdidas. Tanto para el doctor, que se da cuenta de que toda el esfuerzo al que ha dedicado su vida llega a un punto muerto y la del paciente, que siente ese abandono. Un abrazo!!

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  28. Geee, escalofriante relato de sufrimiento psíquico, sorprendente esa natural vivencia de angustia plasmada en tus letras. Una lectura que atrapa por la tensión entre la vida y la muerte que lleva tu protagonista. El final, la verdad me congelo, con eso de que, la cámara frigorífica dejó de pitar! !Yay, pobre! eso le pasó por atreverse a pensar que su dinero lograria lo imposible. Eres genial escribiendo, me encanto.
    Tu relato me recordó un documental que vi hace poco sobre un científico ruso llamado Sergei Brukhonenko que, habría sido capaz de cortar la cabeza de un perro, y mantenerla viva.
    Un abrazo, David

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    1. Gracias, Yessy. Parece que son varios los científicos que han intentado esta hazaña. El doctor White existió realmente y muchos datos del relato son verídicos. Creo que algo así va a ser muy complicado de poder conseguir, pienso más en una especie de volcado de memoria en un soporte digital, algo así como una película que protagonizó Jhonny Deep, Trascendence creo que se titulaba. Un fuerte abrazo!!

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  29. ¡Oh! ¡Qué bueno, David! Justo ahora, después de leerlo, tengo el vello de punta, jajajaja.
    Me ha encantado, de verdad. Con el comienzo de este relato me ha pasado lo mismo que con muchos que leo de tu autoria, ¡pero esta vez si que has conseguído sorprenderme al final! Que no quiere decir que con los demás no lo hayas hecho, pero este ha tenido una intensidad especial.
    Siempre me han gustado esos temas grotescos, sobre todo los que estan relacionados con la medicina o los asesinos en serie, y esta historia tuya me ha recordado inevitablemente a otro que leí hace ya mucho tiempo, casi era una niña, por eso creo que me impresionó tanto, y que escribió uno de mis grandes autores favoritos, H.P. Lovecraft. Ese relato se llamaba "La exhumación", y si no lo conoces te lo recomiendo sin duda. Por aqui no te digo nada más de él porque te lo chafaría y es lo último que quiero, pero cuando lo leas vas a saber exactamente a lo que me refiero.
    Con este has logrado, una vez más, un relato perfecto, además de los que no pueden terminar mejor. Mi enhorabuena, amigo. ¡Deberías animarte a escribir más recopilaciones de relatos, jajajaja!
    ¡Nos seguimos leyendo!

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    1. Gracias, Ana. Voy recuperando relatos que escribí ya hace un tiempo, y aunque suelo revisarlos a fondo antes de publicarlos es cierto que en muchas ocasiones se nota la distinta madurez con la que están escritos. Este en concreto es de esos en los que el final no es sorprendente, es algo anunciado casi desde la primera línea. Para dotarlo de esa intensidad utilicé los llamados estados del duelo, las fases psicológicas que nos llevan de la ira a la aceptación.
      Lovecraft es un autor que siempre me ha echado para atrás, para mi gusto es demasiado minucioso en sus descripciones, creo que leído hoy me parece que se pasa de rosca con esos horrendos paisajes y noches tenebrosas que suele escribir desde la primera línea. Pero no dudes que buscaré ese relato.
      ¡Ay! Ojalá me diera tiempo a poder escribir ese libro. De momento ando con dos novelas de psicópatas, aunque a paso de tortuga. Este año me apetecía enfocarme en el blog, al menos hasta junio. El año que viene creo que bajaré el pistón en este sentido para centrarme en la escritura, siento que está llegando el momento de cerrar la puerta como diría King. Un fuerte abrazo!!

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  30. ¡Uau! Un relato espeluznante, David. Me ha encantado. Los detalles grotescos están muy bien traídos sobre todo, la escena del espejo. Y la forma en que se ve cómo pasa el tiempo y el protagonista sólo lo percibe a través de la vejez del doctor queda genial, de por no hablar del tiempo que dura el discurso del relato. Se nota que el prota ya no sabe distinguir los minutos de los años. Me ha encantado el relato, de verdad. Espero no tener pesadillas porque me parece que es uno de esos relatos con los que no puedes evitar soñar a causa de lo que inquietan, ja, ja, ja.
    ¡Un abrazote!

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    1. Gracias, Noemí. Bueno, me alegra quitarte el sueño, je, je, je... La verdad es que a mi en literatura ninguna historia me ha provocado miedo, por eso me cuesta este género, soy más de suspense. Este relato tenía la dificultad del punto de vista, una cabeza mirando el sótano no te da mucho para explayarte y he tenido que recurrir al flashback y al monólogo interior. Para que hubiera evolución he utilizado los estados del duelo, que suponen un estupendo arco emocional para cualquier personaje. Un abrazo!!

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