lunes, 26 de junio de 2017

LA PUERTA DE LOS HOMBRES

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   Lo llaman la Noche de San Juan, pero el solsticio de verano, la noche más corta del año, ha tenido muchos nombres. Uno de ellos fue La Puerta de los Hombres. Descubre por qué...

LA PUERTA DE LOS HOMBRES

   Pudo suceder en cualquier pueblo del Mediterráneo, pero no otra noche que no fuera víspera de San Juan.


  Eusebio Montemayor hojeaba un libro del que solo miraba las ilustraciones; humedeciéndose la yema del dedo antes de pasar cada página. Eso hacía ese anciano en el sanatorio, acostado en su cama, mientras las gentes del pueblo celebraban la verbena.

   Poco antes de la medianoche apareció, en el umbral de la puerta, una figura cuyo aspecto, extraño y enigmático, le asemejaba a un espectro. Negra era su gabardina y negro su sombrero de alas; negros eran sus guantes y el pañuelo con el que cubría su cara.

   —¿Me permites entrar? —preguntó la figura con un acento afectado que parecía recordar a todos los idiomas del mundo.

   —Bartolomé, hace tres noches que acompañas mis horas de vigilia ¿y todavía lo preguntas? Dime, ¿qué historias vas a contarme hoy? ¿Me hablarás de cómo el Macedonio sitió la ciudad de Tiro? ¿O tal vez de la entrada del primer elefante blanco en Aquisgrán?

    La figura negra cruzó la habitación de paredes blancas hasta situarse frente a la cama del anciano.

   —Con gusto te contaría esas y otras historias olvidadas en el tiempo, pero hoy es noche de fiesta y quiero que me acompañes a ver la jarana.

   —¡Pero qué locura me propones! ¿No ves mi estado?

  —Esa muleta apoyada en la pared me dice que andar puedes y mi hombro todavía es fuerte para servir de apoyo.

   —Aunque así fuera, está prohibido a los internos salir del sanatorio más allá de las diez de la noche.

   —Lejanas risas y tintineos de copas me hacen pensar que los enfermeros no serán obstáculo.

   —No insistas, nunca he sido hombre de fiestas —dijo Eusebio perdiendo la mirada en la portada del libro.

   —¿Y de qué has sido hombre entonces?

   —¿A dónde quieres llegar? No soy yo quien cubre su rostro y se viste de negro.

  —Lamento si te he importunado. —Bartolomé se sentó en el borde de la cama. A la habitación llegaba un eco de algarabía y música—. Mi único propósito es darte la oportunidad de redimir tu pecado.

   —¡Insolente! ¿Qué sabes de mí? ¡Jamás hice mal a nadie! Nada en mi vida puede merecer el menor reproche.

   —Y sin embargo cometiste el peor de los pecados. —Bartolomé se levantó y cogió la muleta—. Si vienes conmigo te lo mostraré, pero decídete rápido pues esta es la noche más corta del año y su provecho no admite demoras.


  Los recibió una cálida brisa. El humo de los petardos formaba halos en las luminarias de las escasas farolas que alumbraban el camino hasta el pueblo. El anciano se aferraba al brazo de Bartolomé como una novia llevada al altar.

  —Buena cosa dirá la gente de nosotros: un viejo del brazo de un espectro todo cubierto de negro.

  —¡No sufras, buen Eusebio! —dijo un sonriente Bartolomé—. Cosas más extrañas se ven hoy día. Es noche de verbena y sin duda el alcohol que corra por sus venas nos hará pasar desapercibidos.

  Así llegaron a la calle Mayor que se encontraba cubierta de coloridos banderines. La gente se arremolinaba en torno a los bares profiriendo estruendosas voces y carcajadas desmesuradas. El anciano los miró con desdén.

  —Si buscabas pecadores podrías haberte ahorrado llegar hasta el sanatorio. La gula y la lujuria te saltan a la cara con solo mirar a esos bulliciosos.

  —Ni esos, ni el resto de los Siete es tan grave como el que tú has cometido.

  —En verdad que desconozco qué clase de hechizo me obliga a seguirte.

  En esas, irrumpió un pasacalle de demonios y tragafuegos que danzaban bajo las bengalas al ritmo marcado por el tropel de tambores. Bartolomé quiso apartar a Eusebio hacía un lateral de la calle pero la horda los engulló y los separó. El anciano sintió ahogarse por el ruido y el humo. Perdió la muleta. Entre empellones, como una paloma moribunda, logró guarecerse en un portal. Se tapó los oídos pero el tronar de los tambores traspasaba sus manos.

   —¿Qué temes? ¿Acaso no es hermoso esto que presenciamos? —dijo Bartolomé cuando consiguió llegar al anciano.

   —¿Hermoso? Toda esta locura… ¡este caos que me martiriza! Te ruego que me saques de aquí.

  —No es caos lo que nos envuelve, fíjate bien. —Bartolomé acercó su mejilla al oído del anciano—. Son multitud de corazones latiendo bajo el mismo compás.

  Poco a poco, el séquito de tambores se alejó de aquella calle. Bartolomé recogió la muleta del suelo y ayudó a Eusebio a levantarse.

  —Vamos a la dehesa, allí hay música, baile y bebida. ¡Sin duda una copa de cava levantará tu ánimo!

  Cuando llegaron, la orquesta tocaba pasodobles y rumbas bajo los alegres farolillos y banderines que colgaban de los árboles. Había largos tablones, dispuestos a modo de mesas, sobre los que se encontraban botellas de cava y cocas cubiertas de fruta confitada. Bartolomé llenó dos copas y le ofreció una a su acompañante.

  —La medicación me impide beber —dijo Eusebio haciendo un gesto con la mano.

  —¡Por los cuernos del Minotauro! ¡Nadie se ha muerto por un poco de cava!

  Tras una procesión de objeciones, a las que Bartolomé supo dar buena réplica, Eusebio accedió a dar un sorbo a la espumosa bebida. Notó un repentino vigor en su cuerpo cansado. En ese instante, un petardo explotó a sus pies. Un niño se acercó pidiendo disculpas y, en compensación, le ofreció uno para explotarlo.

  —¡No te enojes y tíralo, amigo mío! ¡Haz que resuene como un volcán! —Le animó Bartolomé.

  El anciano encendió la mecha y lo lanzó contra el suelo. La explosión le hizo sentir una sensación de alegría que le pareció absurda. El niño le quiso ofrecer otro pero en su bolsa solo quedaba uno más. Eusebio rebuscó en su bolsillo y le dio un billete de diez euros.

   —Anda, cómprate más.

   El crío le dio las gracias y se marchó con sus amigos exhibiendo el billete como un trofeo.

   Entre el cava y la música fue transcurriendo la noche. Eusebio sonreía con la retahíla de chistes que se animaron a contar dos ancianas con las que compartía mesa. Los chavales que con su billete habían comprado nuevos petardos le ofrecían, de tanto en tanto, alguno para que lo explotara. Bartolomé asombraba con sus dotes de danzarín en la zona de baile.

   Así pasaron la verbena hasta que la orquesta dejó de tocar.

  —Sin duda tus talentos no tienen límite —dijo Eusebio a su compañero de fiesta cuando, agotado, se sentó a su lado.

  —No es talento, sino años… muchos años.

 —Los que ya no me quedan a mí. —Eusebio apartó la mirada hacia la mesa y cogió una copa de cava que se llevó con pulso tembloroso a los labios, tras apenas mojárselos continuó:— Dime, ¿es acaso la envidia mi pecado? ¿Qué otra cosa puede explicar esta aflicción que me ahoga al contemplar los besos de los adolescentes, el baile de aquel padre con su hija o aquellos ancianos cogidos de la mano?

  —Es desesperación, pues ahora que tu camino termina es cuando lamentas los pasos que no has dado.

   Eusebio se quedó en silencio, apuró su copa y rompió a llorar. Bartolomé lo abrazó.

  —¿Te das cuenta al fin del alcance de tu pecado? ¿Comprendes en este instante que no lo hay mayor que entregar tu vida a la Melancolía? —Bartolomé se separó de Eusebio y se puso en pie como impulsado por muelles—. ¡Pero detén tu llanto! Pues esta es la noche de redención. Levántate una vez más y busquemos una hoguera donde puedas arrojarla.

   A su paso, reiniciaron la marcha hacia un sendero que atravesaba un boscaje de olmos que llevaba a la playa. Atrás quedaron el bullicio y la música. La luz de la Luna dibujaba fantasmagóricas figuras sobre el suelo. Se olía a tomillo y romero. Una mujer grababa una cruz sobre el tronco de un árbol, otras recogían helechos y hierbabuena.

  —Esas mujeres que ves preparan ritos de amor —dijo Bartolomé—. La vida es corta y única por eso deseamos que sea perfecta. Pero siempre falta algo, amor, suerte, inocencia…

  —¿Y a ti, Bartolomé? ¿Qué es lo que te falta? ¿Por qué vistes de negro?

  La figura negra suspiró, con la vista puesta en el horizonte donde unos tonos rojizos anunciaban la playa flamígera.

   —La mujer, a quien prometí amor eterno, falleció la semana pasada —respondió sin apartar la vista del camino.

   —¿Y aun así tienes ánimo para celebraciones? En verdad que eres un ser peculiar.

   Unos matorrales limitaban el final de la vereda, el rumor de las olas del mar parecía jugar un tango con unos cánticos hipnóticos.

  —Hace mucho, alguien se preguntó dónde se refugiaba el divino Sol que, tras esta noche, abandonaba los cielos. ¿Dónde iba su luz? —dijo Bartolomé dejando que el anciano se adelantara unos pasos.

  Eusebio se ayudó de la muleta para apartar la maleza. La imagen le estremeció. Incontables hogueras formaban columnas de fuego y humo que parecían unir Cielo y Tierra; a su alrededor, hombres y mujeres, convertidos en almas atormentadas, saltaban, danzaban buscando la luz como los ahogados el aire.

  —¡Míralos! Observa al Sol cruzar la Puerta de los hombres y penetrar en su espíritu. —Bartolomé, acercándose por detrás, apoyó su mano sobre el hombro del anciano—. ¿Qué penas lanzan al fuego? ¿Qué pecados no confesados alimentan esas llamas?

  Eusebio notó que la voz de su acompañante sonaba distinta pero fue, al volverse, cuando apenas consiguió ahogar un grito de espanto. Bartolomé se había despojado del pañuelo y descubierto su rostro, un espanto del que se desgajaba la piel de los pómulos, los labios colgaban de su barbilla, las bolsas de los ojos eran una mancha carmesí y la única oreja apenas se aguantaba por un hilo de carne.

  —¡Por todos los santos! ¿Quién eres? —Eusebio trastabilló al apartarse, hincándose su muleta en el costado al apoyarse.

  —¡He sido tantos hombres que ya no soy nadie! Una noche como ésta, hace miles de años, fui un niño que lloraba perdido en el desierto. Mis lamentos fueron escuchados y fue entonces que una serpiente emergió de las arenas. Me dijo que los dioses se habían conmovido por mi dolor. Sus palabras fueron: “Tú has sido el elegido para portar el don de la inmortalidad…

  —Pero, ¡tu piel, el horror de tu cara!

 —… y por él, en la Noche de la renovación, mudarás tu cuerpo cuando envejezca o enferme sin cura. Así será eternamente salvo que sea tu voluntad entregárselo a otro que lo acepte”. —La voz de Bartolomé sonaba cansada—. Es mi deseo que tú, Eusebio, lleves en adelante dicha gracia.

  Eusebio lo escuchaba perplejo. La imagen grotesca que se dirigía hacia él, la amargura de su voz, le hizo sentir que la tierra que pisaba perdía su firmeza, que los cielos parecían removerse, que la realidad había sido vuelta del revés.

  —No puedo dar crédito a tus palabras, pero si hubiera verdad en ellas, ¿qué razón tendrías para renunciar a dicho don?

  Bartolomé se sentó sobre la arena y haciendo extraños dibujos sobre la arena, le respondió:

  —Me he bañado en los ríos del Sáhara cuando era un vergel y me he perdido en sus arenas de fuego; fui rey de imperios olvidados y mendigué onzas de pan podrido; he admirado monumentos que ocultaban al Sol que hoy son pequeños cantos rodados en los ríos; escuché a Sócrates en el ágora y vi arder la Biblioteca de Alejandría; aprendí la Palabra de los labios del Nazareno y prendí fuego a herejes; vi a Miguel Ángel pintar la Capilla Sixtina; en la Santa María mis ojos contemplaron el Nuevo Mundo; he compartido orgías con Casanova y he sido santificado; he conocido la peste, la guerra y los placeres cortesanos; he prometido mil veces amor eterno y mil veces lo he enterrado. Todo eso he vivido y sin embargo, para mi alma, ya no es más que un grano de arena perdido en la inmensidad de lo que fue, es y será.

  Las palabras de Bartolomé se transformaron en imágenes que se agolpaban en la mente de Eusebio que, aferrado a su muleta, sintió la emoción de un explorador al alcanzar el Edén soñado:

  —Si ello fuera posible, apreciado Bartolomé, acepto tu carga, que es mi anhelo.

  Entonces, Bartolomé se levantó. Siseó y comenzó a hablar en un idioma que bien podría ser el primero de todos. Una tenue neblina emergió de la arena y, con ella, una serpiente. Erguida, fijó sus ojos en la figura vestida de negro, cimbreó su lengua bífida mordiéndole a continuación en el pecho. Después se volvió hacia un atónito Eusebio para clavar los colmillos en el suyo. Tras ello, desapareció bajo la playa.

  El anciano se derrumbó, revolviéndose entre horribles retortijones por la arena. Estiró el brazo buscando a Bartolomé que había conseguido ponerse en pie y le miraba con ternura:

   —Es ahora que muero cuando siento la emoción por el último beso dado. Gracias, amigo mío.

   Se dirigió con torpes pasos hasta la orilla. Con el agua mojando sus pies, levantó los brazos y miró al cielo; así se adentró en el Mediterráneo hasta que lo cubrió por entero.

  Eusebio se retorcía sobre la playa, sentía arder la piel y desmembrarse su cuerpo. Fueron unos instantes terribles hasta que el dolor desapareció.


FIN

¿Os atrevéis a abrirlo?


© David Rubio Sánchez. Texto y dibujo

81 comentarios:

  1. Imagino la escena, esos instantes tan terribles, el anciano revolviéndose entre la arena con retortijones buf.

    Qué bien narrado, amigo David Rubio, un verdadero placer leerte.

    Y habrá que abrir el regalo.

    Besos.

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    1. Gracias, María. Esos retortijones creo que fueron un sacrificio menor para su anhelo de inmortalidad. Al menos hasta que llegue el día en el que empiece a sentir que la vida eterna haga perder el sentido de lo que significa vivir. Un abrazo!

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  2. Menudo relatazo, uf impresionante sobre todo la parte final, me imaginado al pobre hombre lleno de dolor, menudo final. Enhorabuena David. un abrazo. TERESA.

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    1. Gracias, Teresa. Bueno, es un pequeño precio para recuperar tiempo de vida. Un abrazo!

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  3. Muy bueno David, la magia de la noche de San Juan que lo hace todo posible, una noche llena de leyendas en la que tu relato encaja perfectamente, Me ha gustado como nos has ido llevando por esa noche y los distintos grupos y anhelos para llegar a ese final un tanto sorprendente en el que se podía sentir el dolor. Me ha gustado ese último recuerdo de Bartolomé.
    Un estupendo relato para estas fechas.
    Besos

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    1. Gracias, Conxita. Buscando documentación para otra historia me topé con la creencia de La Puerta de los Hombres, para referirse al solsticio de verano. Su correspondencia sería La Puerta de los Dioses, que coincidiría con el solsticio de invierno, el 25 de diciembre, Navidad. Las tradiciones se van solapando unas con otras. Un abrazo!

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  4. ¡Hola!
    Qué buen relato, especialmente la parte en la que narra todo lo vivido a lo largo de la historia, desde que el Sáhara era un vergel, me ha encantado.
    Y el final...sin palabras.
    Un abrazo y feliz domingo.

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    1. Gracias, Gema. Bueno, en esa intervención me puse en plan "A Dios pongo por testigo", algo que no suelo utilizar, pero bueno, siempre está bien darte un caprichito y en este relato de Fantasía le pegaba e ilustraba ese hartazgo vital y emocional que podría llegar a producir la inmortalidad. Un abrazo!

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  5. La inmortalidad parece ser un anhelo que iría en contra del propio funcionamiento cerebral humano y aún el muy improbable (imposible), caso de que técnicamente fuera posible acabaría por cansar o no....
    Estupendo relato y con una ambientación que te hace meterte en escena de una manera muy visual. Un abrazo David.

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    1. Gracias, Miguel. De verdad, pienso que hemos nacido para ser mortarles. Todo lo que nos hace ser humanos, todo lo que da sentido a nuestra vida desaparecería si llegáramos a vivir eternamente. He intentado reproducir los distintos escenarios de la verbena de San Juan, desde los más fiesteros, con orquesta, cocas y petardos, a los más mágicos como esas hogueras de la playa o esas mujeres preparando ritos para una noche que ha sido mágico desde que nació la civilización. Un abrazo!

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    1. Gracias, Anuar. Me alegra que te haya gustado este relato. Saludos!

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  7. Genial relato adaptado a la mágica noche de San Juan. Qué tendrá esa noche que se muestra tan idónea para que se den fenómenos extraordinarios, como la revelación y el regalo (¿regalo?) de Bartolomé.
    Fenomenal.
    Un beso.

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    1. Gracias, Kirke. Haces bien en poner ese regalo entre interrogantes. Quizá en ese momento, cuando Eusebio lo acepta, sea lo que más desee para intentar recuperar la vida que su carácter taciturno le impidió vivir. Pero más pronto que tarde, porque aunque sea inmortal el tiempo fluye con la misma rapidez, se dará cuenta que ello le hará ser menos humano y que incluso perderá las ganas de vivir. Un abrazo!

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  8. Impresionante. Todo es posible en la noche de San Juan.

    Felicidades tocayo!

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    1. Gracias, David. Sin duda es una noche mágica, de renovación. Y proveedora de creencias desde el inicio de la civilización. Saludos!

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  9. ¡Hola David!

    Estupendo cambio. Renovarse o morir.

    Entro tímidamente con cada relato a tu blog esperándome una nueva sorpresa que nunca me defrauda. Adoro tus relatos, tu forma de contar, las acotaciones que hacen verosímil la historia, y cada día más y más me pregunto de dónde puede surgir tanta imaginación.

    Hoy, leyéndote, creo que es la primera vez en mi vida en la que no he deseado ser inmortal y sentir la degradación del cuerpo y el peso de los años sobre mi mente. Aunque ver cómo Miguel Ángel pintaba la capilla Sixtina o cómo era la biblioteca de Alejandría, bien hubieran valido la pena unos cuantos miles de años de cansancio.

    Como siempre, un relato único que me ha hecho disfrutar.

    Un gran abrazo.

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    1. Gracias, Macarena. No sé si imaginación, pero intento que mis historias sean como películas, le doy muchas vueltas a cada una, quizá por eso no soy demasiado prolífico, y por eso cuando se me ocurre una idea con cuerpo de historia intento aprovecharla.
      ¡Quién no mataría por haber vivido todo lo que Bartolomé! Y sin embargo para alguien como él, con ese Don, al final no son más que granos de arena. Pienso que el cuerpo humano es un recipiente demasiado frágil para ser inmortal. Llegaría un momento en el que todo nos daría igual, ¿cómo amar a una persona sabiendo que después de su muerte otra vendrá en su lugar? ¿Se puede amar eternamente? Cuando lo has sido todo, cuando has pasado por cualquier vicisitud imaginable, ¿qué más puedes anhelar?
      O siendo más mundano, ¿ser inmortal impediría que nos jubilásemos?
      La verdad es que llevaba tiempo con la idea de darle un lavado de cara al blog, mirando utilidades de cara a septiembre, pero mira, el viernes comencé quitando alguna cosilla y me animé.
      Un fuerte abrazo!

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  10. En mi país, la noche de San Juan casi no se conoce. Al menos entre mi generación. Siempre es bueno aprender un poco y mejor aún si es mientras se disfruta una buena historia, como en este caso.
    La inmortalidad debe ser el peor de los castigos, aunque visto desde la perspectiva de Eusebio puede ser útil, al menos por un par de siglos. Luego tendrá que buscar un reemplazo, a lo mejor lo encuentre en un futuro distante o en otro planeta incluso.
    Buen relato.
    ¡Un abrazo!

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    1. Gracias, Cyn. En Argentina el solsticio de verano se produce en diciembre, cuando aquí la Navidad tapa el solsticio de invierno. En todo caso es la noche más corta del año y se asocia a ella un carácter mágico, a partir de esa noche los días comienzan a ser más cortos. Por eso se la asoció a las brujas, a los hechizos. En todo caso es una noche en la que el fuego es protagonista, y su poder destructivo una invitación a la renovación y purificación. Leyendas que forjan lo que somos. Un abrazo!

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  11. David, elogio con toda sinceridad tu narrativa impecable y poseedor de una gran imaginación. En este caso, con el marco de la mágica "Noche de San Juan". Todo puede suceder en esa noche, en tu relato haces que el lector esté intrigado con el desenlace final, que como todos los tuyos suele ser sorprendente e inusual por lo original.
    No me gustaría ser ninguno de los dos protagonistas, tan sólo somos un grano en el gran desierto que es la vida.
    Un abrazo literario

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    1. Gracias, Lola. El relato no deja de ser un batiburrillo en el que mezclo la noche de San Juan con la inmortalidad, representada en esa serpiente que cambia la piel y en una curiosidad que leí una vez referente a los siete pecados capitales. Resulta que antes eran ocho. El que desapareció es la acedia, que era una mezcla entre la pereza y la tristeza. Es contemplar la vida con falta de ánimo. Cuando se redujeron a siete se incorporó a la pereza, pero creo que su significado es distinto, más cercano a un estado permanente de melancolía. Bueno, la verdad es que ser Bartolomé por unos cuantos siglos tampoco estaría mal. Un abrazo!

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  12. Ahora Eusebio tiene la eternidad por delante, y de seguro también va a terminar hastiado de ella. Algo así, según el mito, como lo que nos espera en el paraíso bíblico: la gente, antes vista a sí misma como bendecida, luego entenderá que carga con una maldición y buscará suicidarse y no podrá, porque está condenada a vivir. El aburrimiento será infinito.

    Saludos y saludes.

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    1. Gracias, Julio David. Te cuento una reflexión muy personal. En realidad, creo que morimos muchas veces. El niño que fuimos, el adolescente, el veinteañero... en cada etapa de nuestra vida llega un momento que lo que somos desaparece dando paso a una persona diferente. Llegado el caso de ese hipotético paraíso pienso que asumiríamos nuestro estado de igual forma que asumimos las distintas etapas de nuestra vida. En el fondo, quienes piensan en una vida después de la muerte lo que están afirmando es que continuemos con nuestra consciencia de individualidad, pero apartado de las emociones que nos provoca la vida, no sé si eso sería bueno o malo. Pero seguro que nos adaptaríamos. Saludos!

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  13. Cómo siempre David sabes narrar una historia con tal ritmo y con unos diálogos tan brillantes que el relato se lee en un suspiro. Tus historias son apasionantes y tremendamente entretenidas. Y con ese misterio que no se desvela hasta el final.
    En cuanto a este relato en concreto, como dicen muchos compañeros la eternidad es un regalo envenenado o si no que se lo pregunten a Bartolomé, aunque a mí me gustaría haber visto todo lo que él ha presenciado, eso sí, desde una butaca como simple espectadora, jeje.
    Enhorabuena David, el relato es genial.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias, Ziortza. Creo que hay dos cosas que definen al ser humano: la curiosidad y la contradicción. Y ambas se alimentan de la premura con la que corre nuestro tiempo de vida. Una eternidad lo relativizaría todo. Fíjate que cuando tenemos tiempo de vacaciones tendemos a ser más perezosos, a procrastinar, como en ese momento disponemos de todo el tiempo del mundo no lo valoramos. La eternidad es demasiado grande y hasta los anhelos más hermosos se convertirían en aburridas rutinas.
      Pero como dices ¿quién no desearía haber visto lo que Bartolomé? Aun estando de cuerpo presente. Un abrazo!

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  14. Me quedo corta si digo que tu historia me ha encantado. Es mágica, es nostálgica y te atrapa. Tu relato está a medio camino entre Cuento de Navidad y algunas novelas históricas donde un personaje ha aprendido todo lo que sabe en Oriente. Me ha gustado el tono de cuento folklórico y una frase que me ha impactado mucho: nos arrepentimos de los pasos que no damos.
    Además el tema de la inmortalidad siempre va a dar que hablar, parece el mejor regalo que se pueda recibir pero no sé yo si a la larga es tan maravilloso como parace. Especialmente si tus seres queridos te van dejando.
    En resumen, una maravilla de relato, no podía dejar de leer. Un besito!
    PD: he leído tu relato que recomiendas al final, El regalo. Te he comentado, pero te insisto aquí: espectacular!!

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    1. Gracias, María. La verdad es que en los últimos años la verbena de San Juan ha ido perdiendo gracia. Siendo de Badalona, recuerdo cuando vivía en Artigas y los vecinos sacaban las mesas, las cocas, el cava, había orquesta, incluso se organizaban hogueras... Ahora solo se tiran petardos y es una pena.
      Escribir un cuento de Navidad es algo que tengo pendiente desde hace tiempo. Los adoro y todavía no he dado con una historia para llevarla al papel. Así que me alegra mucho ese comentario.
      En cuanto a la inmortalidad es un anhelo pero solo imaginar que pudiéramos conseguirla...puff. A nivel general tendríamos que buscarnos otro planeta y eso sería uno solo más de los múltiples problemas que se generarían. A nivel individual significaría la relativización definitiva de los valores que entendemos importantes para el ser humano. El amor de nuestra vida pasaría a ser el amor durante un tiempo, la lucha contra el tiempo desaparecería y no tendríamos especial motivación... Mejor quedarnos como estamos e intentar andar todos los pasos posibles antes de llegar al final del camino. Un abrazo!

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  15. Impresionante relato, narras de maravilla, un tema muy bien tratado leerte fue grandioso.
    SALUDOS

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    1. Gracias, María. Me alegra que la lectura te haya resultado placentera y te agradezco muchísimo que me lo hayas hecho saber, siempre es importante comprobar si nuestras letras han calado, aunque sea un poco. Saludos!

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  16. Qué buen relato, David. Creo que yo también habría aceptado la oferta de Bartolomé y sé que sería un gran error, pero es demasiada tentación.
    Un beso.

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    1. Gracias, Rosa. La carne es débil ¡que se lo digan a Fausto! Cuando se acerca el momento de la muerte, cualquiera intentaría salvar el trance, las consecuencias en ese instante quedarían muy, pero que muy lejos. Un abrazo!

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  17. Que gran relato, David.
    Desconozco lo que es la noche de San Juan.
    Que bien lograda y dinámica ambientación, has conseguido crear imágenes claras y potentes de tus protagonistas. Fue un final aterrador y sublime.
    !Abrazo!

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    1. Gracias, Yessy. La noche de San Juan es una celebración del solsticio de verano, que en Europa se el 23 de junio. En Argentina es en diciembre, justo cuando en el hemisferio norte se celebra el de invierno. Al ser la noche más corta del año desde muy antiguo se ha significado como una noche mágica. La iglesia católico asimiló esa tradición incorporando a San Juan y en el Mediterráneo se acostumbran a hacer hogueras, tirar petardos y montar fiestas con orquesta. Esa noche, muchos hacen pequeños ritos de magia, como bañarse desnudos de noche o pasar por las brasas o encender velas... Un abrazo!

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  18. Un magnífico relato David. Sabes mantener la intriga y el suspense hasta el final, como nadie. Te felicito. Me ha encantado este relato!!!

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    1. Gracias, Humoreo. Este relato es un tanto atípico en mis escritos, no suelo ser tan mágico. También fue una de las primeras historias que escribí, si bien muy modificada en años posteriores. Un abrazo!

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  19. Un magnífico relato David. Sabes mantener la intriga y el suspense hasta el final, como nadie. Te felicito. Me ha encantado este relato!!!

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  20. Me he quedado impresionada tras leer tu historia sobre esta mágica noche en que las leyendas se suceden. Digo impresionada porque he podido escuchar el petardo que lanzó Eusebio, la risa del muchacho al recibir el billete, la cara de horror al ver el rostro de Bartolomé...Todo porque consigues crear con tus palabras la atmósfera adecuada dando un ritmo trepidante al relato que no se sabe dónde va a desembocar hasta el final, redondo y sorpresivo por lo que tenía de regalo la propuesta hecha a Eusebio.
    Ha sido un auténtico placer leerte, como siempre, David.
    Un beso.

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    1. Gracias, Chelo. Intento que mis historias sean muy visuales y ágiles de leer, en ocasiones creo que me paso un poco y la historia sucede a un ritmo demasiado rápido. Como he comentado en este relato, algo raro en mis escritos, recojo bastantes símbolos como la serpiente, el propio nombre de Bartolomé, el solsticio de verano... El placer es mío por tu lectura y comentario. Un abrazo!

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  21. ¡Pero qué cuento más bonito David y adecuado para la noche de San Juan!, me gustan esas referencias del sitio de Tiro y del elefante de Aquisgrán, tan alejadas del pueblo del Mediterráneo donde se celebra la víspera de San Juan. Una noche mágica.
    Un despiste en la frase de “¿Me permites entrar? Creo que se debería poner los signos de interrogación puesto que se está preguntando
    También me gustan que las frases se conformen a la antigua usanza, por ejemplo “andar puedes” por “puedes andar”, o “la gente dirá de nosotros buenas cosas” por “Buena cosa dirá la gente de nosotros”…le da un tono algo arcano como de cuento antiguo.
    Sobre todo está conseguido el ambiente festivo de verbena.
    Pero mi preferido es el fragmento en que el hombre de negro hace un recorrido por el tiempo y sus geografías.
    No morimos del todo, permanecemos en la memoria de otros.

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    1. Gracias, Tara. ¡Muy agradecido por tu corrección! Ya he puesto esos signos de interrogación que parece ser que se fueron de verbena... El habla del personaje está buscada, qué acento podría tener alguien que pueda haber conocido todos los idiomas de todas las épocas? He optado por ese tono arcaico para hacer notar que su habla debería ser distinta. Los episodios históricos son referencias lejanas porque de lejos viene, aunque también son episodios que a mi me apasionan. Lo del elefante es un guiño a un relato que escribí sobre Abulabbas, un elefante blanco que le regalaron a Carlomagno.
      Ese fragmento que mencionas es un homenaje a un monólogo que me emociona, aunque no tenga nada que ver. Se trata de uno que realizó Rutger Hauer en Blade Runner, cerca del final cuando el bueno de Harrison Ford está colgado de un edificio. Los contenidos son distintos pero me inspiré en la musicalidad de aquella intervención para escribir este. Un abrazo!!

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  22. Está claro que se anhela lo que no se tiene,... una vez conseguido puede convertirse en una carga. Estupendo relato David!

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    1. Gracias, Norte. Esa es la gran verdad de nuestra realidad. Anhelamos lo que no tenemos y nos damos cuenta de lo que tenemos cuando lo perdemos. Un abrazo!

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  23. ¡Hola! Ya no tienes para compartir tus relatos owo siempre le daba al G+, pero veo que varios blogs se han sumado a quitar las redes sociales.

    Sobre el relato, pues, hace unos días fue que me encontré en el parque con un ritual donde andaban todos con túnicas negras, tal cual como si fuera una escena de una película alrededor de una fogata. No pude dejar de evocar esa imagen mientras iba leyendo la historia.

    Me ha gustado, la inmortalidad es muy anhelada hasta que se la tiene ¡qué carga debe ser eso! Especialmente, por la soledad que debe sentir al pasar tanto tiempo siendo lo único que queda en pie. Queda saber cuánto será capaz de soportarlo Eusebio.

    ¡Un abrazo!

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    1. Gracias, Roxana. Los botones sociales aparecen a la derecha de la pantalla del ordenador o debajo si lo lees desde un teléfono o tablet.
      La verdad es que asistir a un rito iniciático debe ser toda una experiencia. Creas o no en la razón del mismo, asistir a un acto así sobrecoge, creo que es algo intrínseco al ser humano como ser transcendente. Un abrazo!

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  24. La inmortalidad es un regalo envenenado. Se acepta con gozo pero a medida que pasa el tiempo empiezan a aparecer los inconvenientes, lo que podríamos llamar "efectos secundarios". De ahí que Bartolomé deseara pasarle a Eusebio el testigo.
    Un gran relato para escuchar a la luz de la lumbre, o de la hoguera.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Josep. Pero sería tan difícil decirle que no... Quizá esa sea la razón de que siempre haya ancianos en las iglesias da igual los años que pasen. Cuando somos conscientes de nuestra hora nuestro instinto de supervivencia intenta buscar algo a lo que agarrarse.
      Aun con las consecuencias evidentes creo que yo aceptaría ese don sin pensarlo. Un abrazo!

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  25. Me ha encantado este relato, amigo. No estoy acostumbrada a leerte relatos de fantasía. Se te da bien, ¿eh? La caracterización de Bartolomé me ha parecido muy buena. Incluso en su muerte, una vez que conocemos su historia, no pierde su aire de misterio. Y con tantos siglos de vida, no me extraña que quisiera que acabara. La inmortalidad, desde mi punto de vista, es un deseo un poco extraño. ¿Quién puede desearla? Todo debe tener un comienzo y un final. Sin embargo, se ha escrito tanto sobre ese anhelo...
    Bueno, me marcho antes de ponerme demasiado filosófica, ja, ja, ja.
    ¡Un abrazote!

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    1. Gracias, Noemí. Es verdad que no es una clase de historia que suela escribir. También fue uno de los primeros relatos que asomaron a un papel, si bien esta versión no tiene nada que ver con la primera. Yo sí creo que la inmortalidad es algo muy deseable, egoístamente deseable. ¿Quién en su último aliento no desearía que el reloj fuera hacia atrás? Nuestro deseo de consciencia es algo que nos define, otra cosa son las consecuencias. Pero llegados a ese momento... Puedes ponerte todo lo filosófica que quieras, Noemí. Compartir historias, sensaciones, emociones, pensamientos, ideas, es lo que da sentido a todo esto de los blogs. Un fuerte abrazo!

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  26. Una excelente narración. Qué angustiosa situación, aunque después de todo la inmortalidad es un regalo que muy pocos pueden llevar, yo me cansaría sin lugar a dudas. Como siempre David un placer leer tus escritos que imaginación la tuya te felicito. Besos!!

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    1. Gracias, Rosana. Creo que en el fondo todos llevamos un Eusebio o un Fausto en nuestro interior. La muerte es algo que nos espanta porque nos hace pasar del ser a la nada. Y en realidad, si se piensa, es absurdo dado que cuando mueres ya no eres consciente de ti mismo... bueno, aquí es donde me metería en camisa de once varas así que dejémoslo ahí. Te agradezco mucho tus palabras. Un abrazo!!

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  27. Hola David,

    Me gusta mucho el cambio al blog, un día os tendré que pedir ayuda (soy muy negada) :)

    Qué gran relato, primero con ese pasar del tiempo, que solo permite mirar hacia atrás y ver lo que hemos perdido y luego ese cambio hacia la inmortalidad, muy atractiva la oferta, pero no creo que merezca la pena, un camino muy solitario.

    Me ha encantado.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Irene. Cambiar el aspecto del blog lo tenía pensado para agosto pero me puse ha modificar cosillas y ya no me pude parar. Quería que el aspecto fuera más limpio y reducir el número de gadgets que me parece ralentizaban la carga de la página. También decidí aprovechar el dibujo de uno de mis relatos para confeccionar la cabecera la de antes me parecía ya muy tópica.
      Cualquier duda en este aspecto, el diseño del blog, coméntala y seguro que entre todos lo solucionamos. Yo utilizo mucho los tutoriales de YouTube en plan Cómo incorporar un carrusel de imágenes, cómo crear un formulario de contacto, cómo insertar en páginas las etiquetas... Unas cosas salen y otras no, pero si tienes claro cómo quieres que sea la página lo demás es buscar información.
      Un abrazo!

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  28. Una historia muy completa,tanto por el momento que viven los protagonistas como por esa posible inmortalidad. Un lujo de detalles en todo el relato hace que desees llegar al final para ver que sucede y una vez alcanzada esa meta te das cuenta de lo maravilloso de todo el conjunto,
    Te felicito por la capacidad para desarrollar toda la escena y la historia.
    Un abrazo David.
    Puri

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    1. Gracias, Puri. Esta historia seguro que ya la leíste en Falsaria. Cada cierto tiempo la reviso y raro es que no cambie algo, aunque solo sea a nivel formal. Es un relato raro en mí, sobre todo porque uso mucha simbología algo que no suelo utilizar.
      Un fuerte abrazo!!

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  29. Menudo relato, por un momento pensé que la muerte venía buscando al anciano.
    Y tan pronto acabara la noche, cruzaría el umbral al otro lado.
    No esperaba este final, renovarse o morir, uno desaparece en las aguas y otro sufre los dolores de la vida.
    Debe de ser la magia de la noche de San Juan, que te inspira y abre tu ingenio hasta hacernos meternos en el relato.
    Un abrazo.
    Ambar

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    1. Gracias Amabar, has sido muy perspicaz al darte cuenta de esa pequeña trampa. Toda su figura parece recordar a la muerte, cuando resulta todo lo contrario. Trae un regalo que al menos en ese instante Eusebio ansía para tener una segunda oportunidad de tener una vida plena. Un abrazo!

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  30. El relato tiene todos los condimentos y el suspenso para atrapar al lector. Muy buena idea, impecablemente desarrollada. En cuanto a los protagonistas, magro favor le hizo Bartolomé a Eusebio al darle semejante regalo. Debe ser tremendo saber que nunca vas a morir, no al principio, pero con el paso de los siglos lo veo abrumador. Ese es mi punto de vista, otros quizás lo deseen.
    Un abrazo, David.

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    1. Gracias, Mirella. La muerte es algo que nos define como humanos. De hecho, creo que preguntarse por ello fue la semilla para que los primeros Sapiens desarrollaran el sentido de transcendencia. De todas formas creo que la inmortalidad es un anhelo tan profundo que sería difícil renunciar a él, aunque a largo plazo nos hiciera desdichados.
      Un abrazo!

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  31. Me ha gustado mucho, es un relato que tiene magia, algo que me seduce y me cautiva a más no poder. Y también le das un gran espacio a la inmortalidad lo cual le agrega a la historia el costado reflexivo. Te ha quedado genial esa contraposición entre estos dos hombres, el que quiere acceder a ella y el que ya no la soporta.
    Los dos personajes están pintados de maravillas, no solo con las descripciones sino con los diálogos, me ha encantado como haces uso de ambos. En el caso de Bartolomé hay tramos en que lo haces volar con el viento de la lírica.
    Pero lo que más aprecio, es la arquitectura de la trama. Narras con la seguridad de haber encontrado una buena historia y le sacas al jugo al máximo de un modo envidiable, hasta las inserciones gestuales, en las que te apoyas a lo largo de la historia, están tan adecuadas, puestas al servicio del relato, que se tornan maravillosas.
    ¡Estupendo relato! Lo he disfrutado como no te das idea. Mi ¡enhorabuena! David. Un abrazo.
    Ariel

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    1. Gracias, Ariel. Esta fue la tercera historia que escribí y te aseguro que si ahora parece definida y segura, la primera versión ni te cuento. Bueno, sí, por que eres tú si tienes ocasión pásate por este enlace para leer la primera versión que escribí en noviembre de 2011: http://tallerdeescrituraauladeescritores.blogspot.com.es/2011/11/la-puerta-de-los-hombres-david-rubio.html
      Un abrazo!

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  32. Con un suspenso como el ir cayendo, seguí cada palabra, viajando entre los paisajes, la fiesta, las historias olvidadas, la vida magnifica de este ser eterno que sin embargo se cansó de vivir y otorgó un don con tintes de maldición. Siempre me he preguntado cómo será la vida cuando el tiempo no supone una linea final y tu maravilloso cuento me hizo ir ese "cómo" para imaginar.
    Gran texto, Felicidades!!
    Abrazos!!

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    1. Gracias, Diana. Jo, has captado la esencia del relato. Pienso que aunque sea el mayor deseo de cualquier humano, nuestro cuerpo es un recipiente demasiado frágil para ello.
      Un fuerte abrazo!!

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  33. Gracias, David, por tu visita, especialmente porque me ha permitido llegar hasta aquí y encontrarme con un magnífico relato, además de muchas personas conocidas.
    Saludos.

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    1. Gracias, Macondo. Bienvenido a este pequeño espacio. Te agradezco tu comentario. Nos leemos!. Saludos

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  34. Un relato magnífico e interesante. Me ha encantado.

    Diaculpa la tardanza en pasarme, pero ando liadísima! ¡Ay, el verano y los bebés!

    Un beso

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    1. Gracias, Mia. ¡Para nada! Solo faltaría que comentar o visitar blogs fuera algo de obligado cumplimiento. Te aseguro que no paso lista, je,je,je... Me alegra que te haya gustado y te haya evadido un tanto de los ajetreos del día a día. Un abrazo!

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  35. No soy muy amiga de relatos de este tipo (fantasía, más allá, inmortalidad, almas,...), pero reconozco que tu relato es bueno en ese género. Es muy entretenido, crea intriga, se vsualizan las escenas y está muy bien escrito. Un saludo, David.

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    1. Gracias, Ángeles. Te cuento un secreto, comparto tu apreciación. El género de la fantasía mágica no es lo que más me atrae y este es de mis pocos escarceos en el género. Celebro que te haya entretenido. Saludos!

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  36. Muy bueno. Un relato que te lleva de la mano en la magia de San Juan. Un regalo un poco envenenado. La inmortalidad no es tan bonita como te la pintan. Pero el mido del ser humano a dejar de existir es enorme.
    Un besillo.

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    1. Gracias, María. Por otra parte es un miedo absurdo. Si más allá no hay nada, ¿de qué preocuparse? Uno no va a enterarse jamás de su muerte. Si existe algo más, significará que mantenemos nuestra conciencia y la nueva realidad será apasionante. Un abrazo!

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  37. Me ha gustado el relato David. Muy original y como nos tienens acostumbrados, atrapados hasta el final. Un beso y feliz domingo.

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  38. Me encanta el tema que has escogido, muy interesante. El relato como siempre muy original e intrigante, genial. Un mensaje muy especial el que manda, este relato se me quedará grabado en la memoria.
    Enhorabuena como siempre!
    Un saludo!!

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    1. Gracias, Anaramitra. Jo, te agradezco este comentario tan hermoso, conseguir que un relato deje resonancia en el lector es algo impagable. Un abrazo!

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  39. Es imposible distraerse de la narración, estupenda descripción de los distintos estados donde encontrar el pecado que supone le condena. A parte de la historia en sí, me gustan mucho los diálogos (algo que a mi me falta en demasía) que fluyen con suma naturalidad en todas tus historias. Un abrazo.

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    1. Gracias, Salvador. Si algo disfruto escribiendo son los diálogos, en mis relatos suelen ocupar el 50% de la historia normalmente, dan agilidad y me evitan extenderme las partes explicativas. Un abrazo!!!

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  40. Hola David. Me gustó mucho el clima del relato y como vas engarzando la trama entre la realidad y la fantasía.
    Es un relato que invita a avanzar en él a ver hasta dónde llega y cómo se resuelve.
    Un abrazo grande.

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    1. Gracias, Simón. Guardo cariño a este relato. Fue de los primeros que escribí y cada cierto tiempo le hago alguna revisión. Te agradezco tus palabras. Un abrazo!

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