jueves, 16 de marzo de 2017

¿CÓMO ATRAPAR A UN LECTOR SIN NECESIDAD DE CUERDAS NI PISTOLAS? (I)

"BLOG DE RELATOS", "RECURSOS PARA ESCRITORES", "CREATIVIDAD", "LA PRACTICA DEL RELATO", "DAVID RUBIO SANCHEZ"



   En los cinco años que llevo escribiendo (o cuatro porque durante un año lo dejé) he leído bastante, aunque nunca suficiente, sobre teoría narrativa. Trucos para aumentar la creatividad, para mejorar la técnica, sobre el manejo del suspense… En general, me han servido para poner palabras a las sensaciones que uno percibe cuando lee una buena historia. Sin embargo, ha habido tres experiencias que de verdad han conseguido cambiar mi manera de contar una historia.

  Una de ellas fue la lectura de LA PRÁCTICA DEL RELATO, escrito por Ángel Zapata. Su lectura no es que os la recomiende, es que casi os la exijo. 



   Para este autor existen cuatro aspectos que debemos tener muy en cuenta para conseguir el interés del lector y que, de paso, le sirven para dividir las cuatro partes del libro:

  • NATURALIDAD
  • VISIBILIDAD
  • CONTINUIDAD
  • PERSONALIDAD
   Os aseguro que he pretendido mostraros las cuatro en el post de hoy. Me ha resultado imposible. Al terminar de redactar la Naturalidad el contador de palabras marcaba ya más de 2.500 palabras, es decir, el límite máximo que me veo capaz de abusar de vuestro generoso tiempo. Así que hoy solo os hablaré de la:

NATURALIDAD
El exceso de literatura es malo
   Seguro que más de uno se habrá quedado ojiplático así que os dejo un punto y aparte para reponeros.

   ¿Ya? Estupendo. Cuando Ángel Zapata habla del exceso de literatura se está refiriendo a las ansias que puede llegar a mostrar un escritor por demostrar lo bien que escribe, de su profundo conocimiento del idioma, de su exquisito dominio de la sintaxis, de la gramática… ¡Que para eso se es escritor! ¿No?

   Pues no. El lector que decide abrir un libro de ficción busca muchas cosas. Pero por encima de todo solo una: leer una historia. El trabajo del escritor es hacérselo fácil. Evitarle todo el ruido que pueda interferir la magia del momento en el que el lector se aísla de todo lo que le rodea: del móvil, de las redes sociales, de ese puñetero cliente o jefe que le ha amargado el día en su trabajo... Lograr, en definitiva, que se sumerja en la historia y los personajes.

   Uno de los errores más comunes en el escritor novel es confundir el estilo literario con una manera vaga y artificial de narrar «dotando a sus historias de un estilo artificioso». En esa creencia, se arma de un buen número de recursos que Zapata califica como «caducos, amanerados y de un vocabulario altisonante», con los que considera que escribe bonito, pero que el lector percibe, simplemente, como que escribe raro.

    El problema de utilizar un estilo artificioso es que puede resultar sospechoso. Si el autor se adorna con las palabras, con imágenes hermosas o con detalles puramente estéticos, puede significar que, en realidad, no le apremian los hechos. Y si eso sucede, el lector puede considerar que en realidad no le estás contando una historia, sino fingiendo que se la cuentas.

   Para ilustrar estas recomendaciones, Zapata es muy generoso en ejemplos, sacados de los ejercicios de sus alumnos en los talleres de escritura creativa que imparte. Pero en otras ocasiones recoge textos de autores consagrados para que nos demos cuenta de cómo sus estilos han evolucionado, y mejorado, hacia esa naturalidad. Desde luego, leyéndolos uno se da cuenta de lo que ha querido decir.

   Como aporte propio he preparado estos dos textos como ejemplo para que podáis distinguir algo artificioso de algo natural. La escena es la misma: un anciano sentado en el sofá de su casa, casi a oscuras, esperando una llamada de teléfono. El sentido de esa llamada queda a gusto del consumidor.

   Primera versión:
Aquella tarde fría y otoñal, en la que los naranjos que engalanaban las calles mostraban un verdor opaco en su espeso follaje, fue recibida por Juan en su casa, como los nenúfares en flor cuando son posados por gráciles mariposas. La luz grisácea de ese atardecer se filtraba a través de los intersticios de la persiana como una plúmbea y quebrada niebla mientras aquel anciano permanecía absorto en sus pensamientos, cual escultura de marfil mirando un horizonte de estrellas. Entonces, el teléfono sonó como un estallido estremecedor que rasgara las etéreas fibras de su universo.
  No diréis que no me lo he currado, ¿verdad? Inicio el texto con voz pasiva, hablo de naranjos y nenúfares… Y ¿cómo se os ha quedado el cuerpo al leer «intersticios»? Por no hablar de la «plúmbea y quebrada niebla» ¿Y las comparaciones? Chulas, ¿eh? Y todo ello finalizado con un impactante «estallido estremecedor». ¡Menudo escrito! ¿Os imagináis leyendo páginas y páginas de una historia narrada así?

   Yo no.

  Está escrito bonito pero no cuenta nada importante. La escena es la de alguien sentado en el sofá, a oscuras, esperando una llamada. ¿En serio es necesario hablar de naranjos y nenúfares? Con tanto artificio, el supuesto protagonista pasa desapercibido. El lector asiste, abrumado, a una sucesión de detalles intrascendentes que le habrán obligado a leerlo dos veces. Si es generoso. Si no, la Play está esperándolo.

Segunda versión:
El anciano observó el teléfono de la mesita. Después, el reloj. La escasa luz que dejaban pasar las rendijas de la persiana y su vista cansada no le permitieron distinguir las manecillas. Tampoco importaba demasiado. ¿O sí? Se miró la mano derecha que descansaba sobre su muslo derecho. Echó la cabeza hacia atrás antes de dar otro vistazo a ese aparato que permanecía silencioso. Volvió la vista hacia su mano derecha que reposaba en el muslo correspondiente, se fijó en las arrugas que rodeaban su anillo de bodas. Fue entonces que el teléfono sonó.
   No hay una sola palabra que un lector medio necesite buscar en el diccionario. Ni comparaciones estéticas, ni “plúmbeas y quebradas nieblas”. Solo el personaje y sus acciones. Lo estamos viendo, conociendo con la lectura. Esta sentado, a oscuras. Esa imagen ya es inquietante. ¿Hace falta adornarla más? Está, mano sobre mano, esperando una llamada, por eso aparecen solo dos objetos: el reloj y el teléfono. Y también una anillo de boda, ¿tendrá relación con la llamada?

   Como dice Zapata: «La naturalidad es narrar como si estuviéramos contándola de viva voz. Transmitiendo en todo momento el estado de ánimo de los protagonistas de la historia». Para ello debemos utilizar palabras, por supuesto. Pero siempre como herramientas, no como un fin en sí mismas.

LA INMERSIÓN FICCIONAL

Narrar es que el lector no se dé cuenta de lo bien escrita que está la historia.

  Ahí tenéis una de esas frases que pienso que debemos grabarnos a fuego sobre nuestra piel de escritor. Lo importante en un relato o novela es la historia y, aún más, conseguir que el lector se involucre de tal manera que renuncie a los millones de distracciones que la época actual ofrece para llenar su tiempo de ocio.

   Como advierte el autor: «En narrativa la claridad no es un valor; es una condición». Y para conseguirla propone las siguientes recomendaciones:

1. Escribe como si estuvieras conversando con un tono próximo y directo.

2. Utiliza un vocabulario usual.

3. Cuídate de abusar de los adornos retóricos.

4. Usa frases cortas.

5. Subraya emocionalmente algún dato significativo para conseguir la empatía del receptor.

  A continuación, Zapata identifica, magistralmente, cuatro estilos narrativos que delatan al escritor poco experimentado en el arte de narrar una historia. Son cuatro estilos que se contraponen a la naturalidad en el contar, que se alejan de esa conversación escrita que consigue que el lector se quede atrapado en la historia.

¿Los conocemos?

ESTILO FORMAL

   Este estilo es muy recomendable en ensayos, informes técnicos o en textos divulgativos. Sí bien, los mejores divulgadores de conocimiento suelen huir de él. Si habéis leído algún libro de Carl Sagan sabréis a lo que me refiero. El estilo formal es aquel que presenta una narración impecable, ordenada, nítida y limpia como la famosa patena del cuartel militar. Es todo eso, y también impersonal. Os muestro otro ejemplo que he escrito para la ocasión. En este caso la escena es la de un tipo que se encuentra en su puesto de trabajo, en una empresa en crisis.

Primera versión:
Juan se encontraba frente al ordenador, consultando los balances del último mes. La crisis económica había afectado de manera considerable los resultados de la empresa. Eso había provocado una serie de despidos, como se podía comprobar observando las mesas vacías de aquella séptima planta del edificio situado en pleno centro de la ciudad. Sonó el teléfono y Juan contestó con premura al observar en la pantalla que se trataba de su jefe.
   El texto nos muestra dónde se encuentra Juan, que la empresa atraviesa dificultades económicas y que el despido ronda por aquella oficina. Creo que la narración es clara y las frases bien estructuradas. Pero…

Segunda versión:
Ayer fue Marcos, se decía Juan mientras observaba los balances que mostraba el ordenador. Levantó la vista por encima de la pantalla. Las mesas que lindaban con la suya estaban vacías. ¿Dónde se había ido el murmullo de otros tiempos? Tampoco olía a café. Y eso que su puesto estaba cerca del pasillo donde se encontraba la máquina. Antes de ayer, fue María. Se reclinó en el asiento, el ligero sonido al correr la silla resonó en la oficina como si estuviera en una biblioteca.
Sonó el teléfono. Era su jefe.
Descolgó. Sentía la boca seca.
—Dígame.
—Hola Juan, ¿qué tal va todo? ¿Puedes venir un momento a mi despacho?
Ha dicho un momento, se dijo al levantarse.
Nada más que un momento, se repetía de camino al despacho.
   La escena es la misma. Sin embargo, pienso que lo que transmite el texto no. Existen notas emocionales. Las ausencias de los compañeros, el silencio del lugar de trabajo comparado con otra época, la ausencia de olor a café parece indicar que ya nadie se reúne en torno a la máquina para charlar... Creo que todo ello consigue que el lector sienta cierta preocupación cuando Juan se dirige al despacho de su jefe.

ESTILO ENFÁTICO

   Este estilo se opone al formal. Si aquel narra desde la lejanía, este parece «contar la historia a voces». Para Zapata, quienes narran de esta manera son grandes escritores en ciernes, tienen una gran riqueza de vocabulario y un excelente don para la construcción de frases. Suelen tener, además, una excelente capacidad para la observación de los detalles. ¿Qué falla entonces? Las revoluciones del ritmo narrativo. Como dice: «El énfasis satura y hace perder la verosimilitud del texto.»

El siguiente texto no es mío, a ver qué os parece:

(1) “Fue en una de las enormes y tenebrosas estancias de aquella torre que aún se mantenía erguida donde yo, Antonio, él último de los desdichados y malditos condes de C., vi por primera vez la luz del día, hace ahora noventa largos años. Dentro de esos muros, entre bosques tenebrosos y sombríos, rodeado de quebradas ásperas y grutas que se abrían en la falda de la colina, pasé los primeros años de mi atormentada existencia”.
   Bueno, desde luego el tipo escribe de narices. Pero siendo ese uno de los párrafos iniciales, ¿cómo va a conseguir que me entre más miedo en el resto del relato? ¡Ya me ha puesto de los nervios con estancias y bosques tenebrosos, atormentadas existencias y seres desdichados y malditos! Si comenzamos a doscientos por cien en intensidad ¿no corremos el riesgo de que el lector se canse y lejos de percibir terror comience a tomárselo a broma? Hace años vi una película horrible, todavía recuerdo lo incómodo que era el asiento del cine, en España se tituló Leyendas de pasión, la protagonizaba Brad Pitt. Bueno, utilizaban en ella la imagen recurrente de un prado en el que cada diez minutos se añadía la lápida de algún protagonista. La primera vez, adornada de una música de orquesta en plan épico, la escena tenía su punto. Después de repetirla cinco veces, os aseguro que me preguntaba si la siguiente lápida la colocarían dentro de un rio cercano.

  Como dice Zapata, la intensidad es una impresión de conjunto, no de sobrecargar cada una de las frases con acciones que parecen abocarnos al fin de los tiempos. Si todo se realza y exagera, no damos un instante de sosiego, es un continuo colapso que terminará cansando al lector.

  Para evitarlo, propone reducirlo a instantes puntuales. Utilizar los contrastes de secuencias tensas y distendidas. Párrafos tranquilos y cargados, frases rotundas y de transición.

  ESTILO RETÓRICO


    Este es quizá el estilo que más se aleja de la naturalidad. Zapata lo define como aquel que vuelve ilegibles a los textos con su sintaxis laboriosa, metáfora decorativa y vocabulario extrañado. Como ejemplo propone este texto de un autor, que reproduzco dado que ni en mil años sería capaz de escribirlo ni parecido:
(2) «Hace ya más de medio siglo que un paisano porteño, jinete de un caballo color de aurora y como engrandecido por el brillo de su apero chapiao, se apeó contra una de las toscas del bajo y vio salir de las leoninas aguas a un oscuros jinete llamado solamente Anastasio el Pollo, y que fue tal vez su vecino en el antiyer de ese ayer. Se abrazaron entrambos y el overo rosao del uno se rascó una oreja en la clin del pingo del otro, gesto que fue la selladura y reflejo del abrazo de sus patrones”.
  Puff… y son seis líneas solamente. Como en textos anteriores, se aprecia unas dotes y un portentoso dominio del lenguaje ¿pero es necesaria tanta parafernalia sintáctica? ¿Cuánto tiempo aguantará el lector sin mirar su móvil, esperando la más mínima señal de recepción de algún mensaje para lanzarse sobre él?

    Sin embargo, ese mismo autor, es capaz de escribir, años más tarde, esta obra maestra:
(3) «La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita.»
    Seguramente, este texto habrá revelado la identidad del autor a más de uno. La diferencia es notable. La que separa un texto artificioso de una obra maestra. Ha desaparecido el amaneramiento de las frases, mostrándose una imagen más poderosa que cualquiera «aguas leoninas», la de un simple cartel publicitario que se cambia y que Beatriz ya no podrá ver. El primer hecho que llevará al olvido su existencia: «el universo ya se apartaba de ella».

ESTILO ASERTIVO


    Este estilo, lo reconozco, cuesta distinguirlo de manera directa. Es más el regusto que le queda al lector después de la lectura. Zapata propone que la narración sea una conversación escrita entre escritor y lector. Pues bien, este estilo sería más como una clase magistral, un discurso impartido por el autor ante el que el lector solo está invitado a asentir como un alumno en un colegio. Es un estilo basado en la afirmación. Sin dudas, sin reticencias, sin ironía ni amargura. Los hechos se narran de una manera mecánica e impersonal.

    Es todo lo contrario a conversar. La gente no conversa a base de sentencias o dogmas, sino mediante afirmaciones relativas, dudas y reservas. La manera de conseguirlo es utilizando MODALIZADORES que resten rotundidad al texto, compensando afirmaciones con dudas y reservas. Os dejo una pequeña lista:

· Al parecer; si bien; algo falto; un poco; por lo que recuerdo; por no decir; tal vez; casi; quizá; algunas veces; en cierto modo; algo; un poco; en parte; podrían ser; hasta donde yo sé.


   Los siguientes textos sí son míos, espero haber sido capaz de mostraros la diferencia de un estilo natural y otro asertivo. En esta ocasión, la escena es la de un hombre obsesionado con tener una dentadura brillante, pero que se olvidó reservar una visita para una limpieza bucal antes de una cita amorosa.

Primera versión

Juan era conocedor de que la mejor manera para impresionar a una chica era mostrando su dentadura perfecta. Sabía muy bien que la sociedad actual prima la estética sobre el fondo de las personas y que muchas mujeres se dejan llevar por los cánones impuestos por la televisión. Era por ello que cada semana acudía al dentista para que le hiciera una limpieza bucal. Aquella semana fue un agobio en el trabajo y se olvidó de reservar hora. Así que decidió lavarse cinco veces los dientes antes de quedar con Susana.
   ¿Veis? Las frases resaltadas en negrita bien podrían ser eslóganes de cualquier campaña mediática. Son afirmaciones que el narrador impone al lector. ¿Y si el lector no lo comparte? No existen dudas, el personaje se presenta casi como una excusa para justificar las convicciones del narrador.

Segunda versión
Se decidió por lavarse los dientes, otra vez. La quinta en dos horas. Tal vez con eso sería suficiente y Susana se quedaría prendada de su sonrisa. Esa chica le gustaba de verdad, ¿cómo pudo olvidarse de pedir cita con el dentista? Quizá ella no fuera como las otras, pero no podía arriesgarse. Con todas las demás le había bastado con mostrar su blanca dentadura, ¿por qué con ella no? Aunque tampoco había sentido lo mismo por las otras. Maldito trabajo, se dijo mientras echaba el dentífrico sobre el cepillo de dientes.
   El uso de los modalizadores, de las preguntas, obliga al narrador a atemperar sus afirmaciones consiguiendo que el protagonista se realce, dude. Y con ello que el lector tenga algún interés en la dentadura de Juan.

   Bueno, ¿qué os ha parecido? Por supuesto, en narrativa no existen leyes o dogmas. Tampoco los lectores son todos iguales y sus gustos pueden ser más cercanos a unos estilos que a otros. Y por supuesto, cada autor tiene la libertad de elegir su propio estilo. Pero pienso que para que esa elección sea sincera debe ser consciente, por eso considero tan imprescindible este libro. Te muestra distintos estilos, ahora ya puedes elegir el tuyo con conocimiento.

    Antes de cerrar la entrada habréis visto que he puntuado tres textos. No he querido nombrar a los autores en ese momento para evitar prejuicios. Ahora sí, (1) H.P. LOVECRAFT El alquimista; (2) JORGE LUIS BORGES El tamaño de mi esperanza; y (3) JORGE LUIS BORGES El Aleph.

Si queréis echarle un ojo a la VISIBILIDAD:

¿CÓMO ATRAPAR A UN LECTOR? (II)

   







  También os dejo el enlace a Amazon para haceros con esta obra LA PRÁCTICA DEL RELATO.

¡Saludos tinteros!


52 comentarios:

  1. ¡Qué buenos consejos, David! No conocía esta obra de Zapata. Los libros que sí he leído sobre esta temática son "El héroe de las mil caras", de Campbell, "El guión", de MacKee; "Mientras escribo", de Stephen King (recuerdo que ya le dedicaste una entrada); "La morfología del cuento", de Propp; y "Teoría de la narrativa", de mi profesor Francisco Álamo Felices. Este último libro no es exactamente un manual de escritura, sino que más bien te explica los nombres de cada técnica y para qué sirven. Pero está bien.
    Los textos de Borges me sonaban mucho (de hecho, los he leído), pero no los ubicaba, ja, ja, ja. A Lovecraft todavía no lo he leído, pero llevo mucho tiempo queriendo hacerlo porque me lo han recomendado mucho.
    Como siempre, un placer leerte, amigo.
    ¡Un abrazo!

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    1. Gracias, Noemí. Justo ahora he comenzado EL GUION a ver qué tal. Leer este tipo de libros, alguno cada año, creo que es bueno para ir apuntalando las nociones que intuitivamente se adquieren escribiendo. A Lovecraft, y mira que me he propuesto leerlo a fondo varias veces, no consigo aficionarme, es tan intenso en sus atmósferas terroríficas que a las pocas hojas pierdo interés, me alejo demasiado de la historia que cuenta. El placer de tu compañía es mío. Un abrazo!

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  2. Eso sí que es una clase magistral. Lo has ido desgranando tan bien que, a pesar de que algunos de esos consejos ya los he leído en otras fuentes, me has convencido de que este libro es una herramienta casi imprescindible para mejorar nuestra forma de escribir. Según Amazon, mañana lo tendré en las manos.
    Te felicito por esta estupenda entrada y seguiré con interés la/s siguiente/s.
    Un abrazo.
    P.D.- H-P. Lovecraft fue mi escritor favorito del genero fantástico y de terror durante mi adolescencia. Algún día lo releeré.

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    1. Gracias, Josep. La lectura de este libro me entusiasmó, imprescindible no lo sé, pero es bastante ilustrativo en cuanto a ejemplos para comprender aquello que el autor recomienda. Siempre es bueno, leer algún libro de teoría narrativa, pienso que ayuda a pulir, aunque a narrar se aprenda escribiendo. Un fuerte abrazo!

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  3. Me ha parecido interesantísimo, sobre todo por los ejemplos con lo que ilustras cada apartado. Me gustaría rebloguearlo, si no tienes inconveniente, en mi blog. No me refiero a copiarlo, claro, sino a hacer un pequeño comentario y dar el enlace a tu blog para que quien lo quiera leer, de mis seguidores, lo haga aquí y conozca tu blog. ¿Qué te parece?
    Un beso.

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    1. Gracias, Rosa. Compartir es lo único que da sentido a esto de llevar un blog, por supuesto que puedes rebloguear esta entrada, te agradezco muchísimo tu interés. Un besazo!

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    2. Muchas gracias a ti. Como veo que esta es la primera entrada, esperaré a que salga la segunda y las rebloguearé juntas.
      Un beso.

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  4. Impresionante trabajo David. Muchas veces he leído u oído esta frase que seguro también te sonará: escribe algo que a ti te gustaría leer. Yo creo que así se puede resumir perfectamente este artículo. A la gente le gusta identificarse con lo que lee, o divertirse, o pasar miedo, o sentir emociones..., y para eso hay que utilizar un lenguaje que le sea cercano y ameno. También es verdad que a veces ciertos estilos como el retórico están bien para hacer un relato curioso o intentar recrear una época, pero por lo general digo amén a todo lo que apuntas. Utilizar la intensidad con moderación, no dar sustos de entrada. Los diálogos naturales, como habla la gente, aunque aquí creo que hay que tener cuidado de no ser demasiado "vulgar" a no ser que algún personaje peculiar lo requiera. Y dejar las metáforas demasiado pomposas para la poesía (que por otro lado a mí me encanta, a pesar de no entenderla muy bien en ocasiones, la buena poesía me suele emocionar bastante).
    Me gusta mucho leer estas cosas ya que yo no he ido a talleres de escritura (es más, y no es broma, me percaté de su existencia cuando ya llevaba un tiempo escribiendo), y tampoco he leído mucho sobre narrativa (aunque cuando empecé si que tuve que leer cosas básicas para no meter demasiado la gamba). Tampoco lo que he estudiado tiene que ver mucho con la literatura la verdad (está en las antípodas).
    En fin, que vienen muy bien estas recomendaciones y creo que haciendo caso a tu "exigencia" me haré con este libro.
    De nuevo mi enhorabuena y ¡un abrazo!

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    1. Gracias, Ziortza. Leer teoría narrativa no nos va a convertir en maestros de la literatura de la noche a la mañana. Pienso que sirven para afianzar conceptos que uno ya percibe con la lectura de novelas o escribiendo y revisando las propias historias. De hecho, según lo que comentas, tú eres un ejemplo de que saber narrar es algo innato
      La frase que reseñas es muy sabia, escribe lo que te gustaría leer. Si no es así, no habrá entusiasmo, y sin entusiasmo imagínate lo que puede salir.
      Un fuerte abrazo de vuelta!

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  5. Tuve una época en la que leí algunos libros de teoría sobre la mejor forma de narrar.
    Ayudan, es verdad, pero llega un momento en que parecen recetas y el aprendizaje hay que hacerlo por cuenta de uno, escribiendo, escribiendo y corrigiendo. Y mucha lectura de los grandes autores.
    Desarrollar la propia voz, tener en cuenta unas pocas reglas básicas y que no nos inhiba tanta teoría a la hora de escribir. Pero es apenas mi opinión.
    Muchos saludos, David.

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    1. Gracias, Mirella. Como sugieres, a narrar se aprende escribiendo. Poco a poco, cada uno va puliendo su tono narrativo, afianzándose en aquellos aspectos que más disfruta. Leer teoría narrativa no te va a convertir en una maestro escritor, pero alguno de vez en cuenta puede ser interesante para asentar esas intuiciones que nos salen de manera innata al escribir, y, por qué no, darnos cuenta de algún que otro vicio que hasta que no nos lo dicen no somos conscientes. ¡Saludos, Mirella!

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  6. Estupenda entrada. Además de tener toda la razón. No siempre hacen falta clichés. Aunque a veces funcionan o le dan un sentido a la historia. Lo bueno de estos post, es que te paras a pensar en todo lo que escribes y te das cuenta de que a veces, caes en eso de "repetir".

    Un besote,David!


    Mia

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    1. Gracias, Mia. En el fondo, si algo funciona y consigue transmitir lo que el autor pretende ya está perfecto. Lo que el autor de este libro propone son una serie de alertas que el lector percibe pero que, a lo mejor, el escritor no. Como todo en narrativa, no existen reglas inquebrantables, siempre y cuando seamos conscientes de ellas. Un abrazo!

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  7. Gracias David por lo que considero una clase magistral y natural de la mejor forma de expresión en la escritura. Yo como lector detecto muchos de los errores que comentas, cuando un texto se hace incómodo e incluso dificil de leer. En cambio esta misma entrada es un ejemplo de facilidad y naturalidad en la lectura que por otra parte no oculta el gran trabajo que has realizado. Un profesor de primera, un abrazo David.

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    1. Gracias, Miguel. El maestro en este caso es el autor, Ángel Zapata, yo me he limitado a mostrar una parte de sus enseñanzas. Te agradezco mucho tus palabras, escribir este tipo de entradas es algo nuevo para mí e intento coger el tono para que sean amenas y claras. Un abrazo!

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  8. Qué gustazo es leerte, David, y cuánto se puede aprender. ¿Te quieres creer que a pesar de hacer años que escribo en la vida me había planteado leer nada acerca de técnicas, estilos o cualquier cosa relacionada con la teoría del oficio de escribir? Bruta que es una. Ahora que tú nos traes estas fantásticas e interesantes entradas no me pierdo palabra y las disfruto muchísimo. No sé si alguna vez seré capaz de aplicarlas, pero que me gustan, ya te digo que sí.

    Por cierto, mereces un aplauso por el esfuerzo de confeccionar los ejemplos con los que has ilustrado algunas bases teóricas del post. La verdad es que tienes mucho mérito y justo es reconocértelo :)

    Un abrazo y un sincero ¡gracias!

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    1. Gracias, Julia. Evidentemente no hace falta leer sobre técnicas narrativas o apuntarse a talleres para escribir. Narrar, contar una historia, considero que es algo innato. Como contar chistes o cantar, no sé si calificarlo como un don, pero desde luego es algo que viene de fábrica. De todas formas, creo que es aconsejable leer un par de libros al año para interiorizar conceptos, sobre todo cuando ya se han escrito varios relatos. Siempre te resuelven alguna duda o te hacen notar algún vicio que, como escritores somos incapaces de ver si no nos lo dicen.
      Te agradezco mucho tus palabras para con los ejemplos, por supuesto no iba a utilizar los del libro. Me lo he pasado bien, y te animo a que pruebes a escribir un mismo texto con los diferentes estilos que se muestran. Un abrazo!!

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  9. ¡Hola! Mi problema es con los consejos de escritura es que leo muchísimos y no aplico ninguno —si lo hago, es más de manera subconsciente que nada (?)—. Más que nada, encontrar el estilo que me gusta para llevar a la escritura es el que adquirí leyendo.

    Adoro las cosas sencillas, por lo que la prosa de Benedetti y Dolina siempre han sido mis cannon para todo. Ninguno se resbuca mucho con las palabras, son directos y van al grano, aunque lo hacen de una manera única y maravillosa. Hasta las descripciones largas que tenía Benedetti en sus novelas era un placer leerlas, contadas con mucha naturalidad, como si fuera una charla, que al menos, las veces que me he topado con libros de estos hombres me los he devorado por esto mismo, tienen una prosa muy fácil de leerse y pueden ser profundos sin ser rebuscados.

    Aunque pienso que en algún tipo de texto, las palabras rebuscadas pueden venir bien, sea por un personaje o una época. Ahora mismo se me viene a la mente 'Don Segundo Sombra' o el 'Martin Fierro', donde recuerdo que me tuve que familiarizar con el lenguaje gauchesco porque no entendía o no sabía qué eran algunas cosas de las que hablaban. Pero pienso que cambiarlo a un lenguaje 'cotidiano' le hubiese quitado gracia también. Aunque siempre asumo que una nota al pie viene bien si es algo demasiado fuera de lo común. Si hay algo que veo mucho en libros nuevos es que muchas veces, ni si quiera eso usan y uno se ve obligado a ir al diccionario o a internet. No hace mucho compré una novela con personajes suecos y algunas palabras las tenían en el idioma original. No me molesta, pero no venía ni apéndice, ni nota al pie ni aclaraciones finales en el libro, lo que fue un bajón porque es detener la lectura para ir a buscar qué es eso o ir anotando y buscarlo luego.

    Sobre los diálogos, recuerdo que tenía un profesor que nos decía que todo lo que pueda ser narrado, tiene que ser narrado, el diálogo debe agregarse cuando va a causar más impacto de esa manera, pero si no aporta o no cambia nada, es mejor seguir con la narración hasta que llegue el momento de dejarle cabida al diálogo.

    ¡Muy buena entrada!

    ¡Un abrazo!

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    1. Gracias, Roxana. Lo mejor de este tipo de entradas es leer las experiencias de cada uno de vosotros. Salir por un momento de la habitación cerrada en la que escribimos y compartir nuestros gustos o dudas.
      Bueno, por partes. Respecto a aplicar los consejos es precisamente lo que dices. Jamás en la vida uno va a escribir siguiendo lo que dijo tal o cual; es a fuerza de leer que los conceptos se van interiorizando. Como las reglas de la gramática. ¡Nadie escribe repasando a cada palabra todas las reglas gramaticales u ortográficas! Es a base de leer como se interiorizan y de esa forma salen solas. Estos libros resolverán el cinco por ciento de tus dudas inmediatas, pero no más. Lo demás se aprende a fuerza de leer y reflexionar sobre lo leído.
      En realidad, la sencillez y un estilo directo son lo mejor para contar una historia, pero, además, los otros tres estilos que menciona el libro también lo son y sin embargo pueden no funcionar.
      En cuanto a los diálogos, ahí discrepo. ¡Soy un apasionado a ellos! No podría escribir sin ellos.
      Un fuerte abrazo!

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  10. Hola, David, encantado de leerte de nuevo y de aprender de ti, porque siempre lo hago. Me parece genial conocer la teoría y los estilos de narrativa, especialmente de la mano de grandes expertos en la materia, y Ángel Zapata parece ser un gran maestro por lo que cuentas. Si hay que aprender de alguien, aprende de los grandes.

    ¿Ya pillaste un buen sillón? ¿Listo? Pues vamos al meollo...


    PARTE 1:

    Yo soy un simple y humilde escritor por vocación, para entretenerme, y difícilmente me veo encasillando mi estilo; seguramente porque no tengo uno muy afinado ni soy muy técnico, y solo escribo lo que a mí personalmente me gustaría leer, novelas a mi medida, con todo lo que me gusta encontrar en ellas, perfectas para mí. Busco contar algo, y no alardear de una técnica que por otro lado no tengo, las cosas como son. Y en eso estoy totalmente de acuerdo contigo: "La narrativa es una condición".

    Aunque puede que también ahí esté mi error, porque no pienso en el lector final, ni en seguir un estilo concreto, soy muy caótico y muy poco teórico en eso, y probablemente nada comercial; escribo más por instinto que por fórmula, por puro capricho, y siempre de forma sencilla y natural, para que sean lecturas cómodas por encima de todo y ante cualquier situación.

    Porque yo mismo no estoy siempre al cien por cien cuando leo; ya sabes, la vida apresurada, el cansancio, el estrés diario, el poco tiempo para leer, momentos tristes y bajones que aparecen alguna vez sin avisar, días de solo veinticuatro horas (deberían tener ochenta o así)... Por lo que la afirmación: "El exceso de literatura es malo", en mi caso, lo cambiaría por "decisivo".

    Cuando decido leer algo de alguien como vía de escape o desconexión, por puro placer, me frustra tener que pararme a releer algún párrafo que no entendí bien en una primera lectura, o tener que buscar en un diccionario alguna palabreja; eso me anima a cambiar a otra cosa, como bien reflejas en tu estudio, diste en el clavo de primera.

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    1. PARTE 2:

      Y con respecto a los cuatro estilos de narrar no recomendados, me gustaría exponerte mi experiencia personal.


      Estilo formal:

      Soy culpable. A veces busco tanto la simplicidad que peco de esto. Y ciertamente pierdo notas emocionales, y no implico tanto al lector en las sensaciones de los protagonistas en algunos momentos, negándole una mayor participación. El ejemplo que pusiste fue magnífico, me lo hizo ver muy claro. Permíteme que te felicite por reflejarlo de una manera tan sencilla y precisa. Sin duda, me diste una muy buena lección.


      Estilo enfático:

      Intento dosificar la "intensidad". Suelo intercalar momentos más suaves con otros más tensos y enérgicos, aunque nunca estoy seguro de conseguirlo como debería. Cuando escribo sobre una escena clave de gran transcendencia y fuerza en la historia, las líneas me surgen a borbotones, salen solas, es difícil tirar de las riendas de caballos desbocados y salvajes. Pasar de doscientos a veinte por hora es traumático, y más de uno seguro que dejamos las marcas de los neumáticos en el asfalto.

      Cuando tengo una escena crucial en mi mente, decidir qué decir y qué no, y cómo decirlo, es un auténtico calvario. Muchas veces he releído capítulos muy intensos en mis novelas que me han hecho emocionarme, incluso alguna lagrimilla se me ha escapado, y eso que los escribí yo mismo, ¡vamos, que sé lo que pasa!, pero... esa intensidad en los momentos clave, reconozco que es difícil de refrenar.

      Si cuando lo releo me gusta, así se queda; en cambio, si me saturó, meto volantazo y freno de mano, doy tres vueltas de trompo y salgo racheando por la tangente, y a releer de nuevo. Como ya dije anteriormente, yo soy mi principal lector beta, el más crítico, y también, muchas veces, el más cruel conmigo mismo, ni te imaginas cuánto.


      Estilo retórico:

      ¡Quita bicho! Sin comentarios.


      Estilo asertivo:

      A ratos peco de esto también. Quizás para matizar ideas importantes que marcan el resto de la trama. En algunos momentos el narrador de mis novelas afirma, sin dudar, como resaltando una verdad absoluta... y ciertamente no debería. Verdades absolutas hay pocas, a medias, muchísimas; y mentiras, a "punta pala". Quizás este estilo es prepotente, da la sensación de que el narrador es un sabelotodo y eso no me gusta, de hecho, ya está empezando a darme urticaria, no me parece justo que no se permita disentir. Vuelves a darme otra lección, compañero, me la apunto.


      Conclusiones:

      Sin duda, un estudio sencillo y muy práctico de David Rubio sobre las enseñanzas de Ángel Zapata que realmente impresiona. Todo lo que se comenta se hace de manera cercana y realmente obliga a replantearse el estilo de escritura. Consejos muy sabios y precisos a tener en cuenta; y es que en esto nunca se sabe todo, el aprendizaje es continuo, incansable y de por vida.

      Muchas gracias, David, excelente texto, me lo bebí. Creo que te aplicaste lo de "Narrar es que el lector no se dé cuenta de lo bien escrita que está la historia" a ti mismo, y eso que es solo un estudio. Predicaste con el ejemplo, me encanta. Siempre aportando conocimiento a la comunidad de escritores que empieza, de manera altruista, y con una categoría y una exquisitez extraordinarias, muy características de ti. Sin duda un ejemplo a seguir. Hoy aprendí mucho.

      "Con palabras sencillas y talento puede narrarse cualquier cosa, y hacer sentir lo imposible".

      Un saludo cordial, un abrazo, mi admiración y buena lectura.

      P.S: Empiezo a odiar este mensaje: "Su HTML no es aceptable: Debe contener como máximo 4.096 caracteres"

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    2. Gracias, J.J. Bueno, tú lo odias (el mensaje) pero te aseguro que yo lo adoro. Como siempre tus comentarios son un lujo y enriquecen la entrada. Te lo agradezco mucho. La verdad es que disfruté con los ejemplos, me ha divertido salirme de la manera que suelo escribir.
      Como he comentado uno no cambia su manera de escribir por leer un libro, eso es algo con lo que se nace. Leer teoría narrativa es algo que recomiendo sobre todo cuando ya se han pegado varios tiros en forma de relato. Solo entonces estamos preparados para darnos cuenta de cómo es nuestro estilo y cómo pulirlo.
      Existe un dicho: "la cabra siempre tira al monte" y el estilo de cada uno, el que viene de fábrica, siempre se impondrá, pero es bueno conocer qué aconsejan los maestros, como Ángel Zapata, para que cuando revisemos nuestros textos tengamos recursos para considerar que de esa otra forma es mejor o peor.
      Como en tu caso, el estilo retórico nunca fue una piedra con la que tropecé. Soy práctico por naturaleza y ello se refleja en la escritura: me gusta ir al grano. Es en el formal y en el enfático donde tiendo a caer e intento pulir en revisiones.
      Que te emociones con tus textos es algo maravilloso, si cuando terminas una historia no tienes esa sensación de haber escrito algo emocionante, mejor tirarlo a la papelera, así que ¡chapeau a eso!
      Un fortísimo abrazo!

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  11. Genial, te ha quedado muy bien. Para tomar nota. Yo estoy totalmente de acuerdo. A veces dejo un libro por esa falta de naturalidad. Cuando pretendemos enseñar que sabemos mucho, damos la sensación de todo lo contrario.
    Un besillo.

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    1. Gracias, María. Quizá, el resumen de todo el artículo es escribir una historia de tal manera que cuando termine su lectura, el lector sea capaz de contársela a alguien de viva voz. Si se consigue eso, el relato es un éxito... En eso consiste el arte de contar historias. Un beso!

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  12. Te felicito Miguel, por tu trabajo y por tu generosidad. Creo que te lo he dicho alguna vez más. Nos has vuelto a regalar un documento enormemente útil, atractivo y gráfico,... y esta parte que abordas hoy, la naturalidad, creo que es un muy consejo; es más, yo lo aplicaría a todo en la vida.

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    1. Gracias, Norte. Te aseguro que cierto egoísmo también motiva estas entradas, el de aprovecharlas para comprobar si he comprendido los conceptos tratados. Sabias palabras. La NATURALIDAD como estilo de vida es la única manera de poder conseguir la tranquilidad de conciencia necesaria. ¡Un abrazo!

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  13. David me ha gustado mucho tu entrada, siempre aprendo algo. Yo intento ser natural en mis escritos y espero que se entiendan. A veces pienso que me repito mucho y tengo que aprender a corregir. Me gusta ese autor y voy a comprar ese libro. Un abrazo

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    1. Gracias, Carmen. Seguro que vas a disfrutarlo, es muy ameno y cercano. Además, los ejemplos con los que ilustra sus consejos son muy aclaratorios. ¡Un abrazo!

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  14. Muchas gracias por esta entrada tan interesante.
    Lo cierto es que no he leído muchos libros sobre técnicas de escritura, quizás porque me parece muy fácil leerlo pero después aplicarlo es otra cosa, resulta tan complicado.
    Intento practicar el consejo que escuché hace un tiempo de que para aprender a escribir lo importante era hacerlo y mucho. En eso estoy, en intentar escribir y aprender y seguir leyendo mucho, de todo.
    Y sí me gustan los textos naturales, que se leen bien, sin palabras muy artificiales que me alejan de lo que quiero sentir y eso es lo que hace que un libro me enganche o no, lo que me importa es que me haga sentir.
    Un abrazo

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    1. Gracias, Conxita. Es cierto, por leer un libro sobre narrativa no se va a cambiar la manera de escribir, de la misma manera que cuando escribimos no vamos repasando las reglas de la ortografía en cada palabra. Yo lo veo más como una hoja de ruta que, a fuerza de leerlos y reflexionar sobre ello vamos interiorizando conceptos hasta que nuestra manera de escribir, con el tiempo, se pula de manera natural, sin darnos cuenta. Gran y sabio consejo: escribir, o narrar, se aprende con la práctica ¡Un abrazo!

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  15. Muy buenos tus consejos David, he apuntado varios a ver si aprendo un poquito. Aora mismo me paso por el link a ver la obra que nos recomiendas, pues la verdad es que no la conocia. Saludos

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    1. Gracias, Vicenta. Celebro que te haya resultado de interés. Saludos!

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  16. Me ha parecido muy interesante y trabajada tu entrada, porque asimilas la teoría y la expones con ejemplos propios que la ilustran a la perfección. Todos los que escribimos aprendemos constantemente y en eso consiste todo: aprender y transmitir (información, sensaciones, ideas...) Para mi, el buen escritor es como el buen actor, capaz de meterse en la piel de sus personajes y de hacer que el lector comparta el escenario, la historia. Por eso, muchos escritores noveles comienzan por contar su propia historia.
    Te felicito, gran labor la tuya y siempre úti para todos los que escribimos. Te seguiré leyendo
    Un abrazo compañero

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    1. Gracias, Isidoro. Uno de mis escritores fetiche es Miguel Delibes, un autor que sabía poner su escritura al servicio de la historia que estaba contando. Capaz de escribir como una esposa sin muchas luces en CINCO HORAS CON MARIO; narrar como un niño en EL PRINCIPE DESTRONADO o hacer una superproducción del idioma en EL HEREJE. Eso es un escritor, un espejo en el que mirarse. Un abrazo!

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  17. Madre mía, este post tengo que releerlo con calma porque es completísimo.
    Por supuesto me apunto el libro, es más, creo que lo tiene mi madre, que escribe por hobbie y siempre quiere mejorar.
    Un abrazo y mil gracias por el post.

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    1. Gracias, Marigem. Es un gran libro para hacernos comprender a los autores que lo realmente importante es la historia, que lo único capaz de conmover o emocionar es lo que sucede en ella. En definitiva, un escritor es un contador de historias y cuanto más desapercibido se muestre su estilo, más probable es que el lector se sumerja en ese mundo al que desea evadirse. Un fuerte abrazo y gracias a ti por tu atención y comentario!

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  18. Es muy muy completo este post, y va de cabeza a mis favoritos para guardarlo. Tiene mucha información que para escritores nóveles (como en mi caso) nos va muy bien. Me he sentido identificada en muchas ocasiones, y es que eso de leer que a alguien le duele la cabeza en doce páginas y media me resulta muy tedioso. No hay que enrollarse tanto, creo yo, y si una historia es realmente buena no hace falta andarse por las ramas, ¿no? Una vez me dijeron que a los lectores hay que tratarlos como si fueran tontos, y no lo entendí hasta que me di cuenta de que la más tonta era yo, porque si no me lo detallan sin ser pesados no me involucro con la historia. Más o menos es la conclusión que he sacado de este post, igual estoy equivocada pero aun así, me ha parecido muy refrescante.
    Qué bien haberte descubierto en un post que me ha gustado tanto,
    Un saludo!

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    1. Gracias, Patri. Bienvenida a este pequeño espacio virtual. Pienso que es al contrario, al lector nunca hay que subestimarlo. En realidad no hace falta contarlo todo, sino contarlo con naturalidad, sin que note que está leyendo. En definitiva, la magia de la lectura se consigue cuando las líneas escritas desaparecen en la cabeza del lector y se transforman en imágenes, en un mundo real, que pueda ver, sentir, oler o escuchar. Para ello, el escritor debe pensar en la historia y en no meterse en medio con estilos narrativos que busquen adornos estériles o que resulten desapasionados. El mes que viene hablaré de los otros pilares, espero que te guste de la misma manera. ¡Saludos!

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  19. Eres un genio, no tengo duda.
    Pero también pienso que la genialidad muchas veces es consecuencia de la técnica y creo que tú también la tienes.
    En tu entrada expones un síntesis acerca de lo que has leído para atrapar un lector, pero hay quien siguiendo estos pasos nunca podrá hacerlo; así que creo que, al igual que un pintor o un escultor, atrapar a un lector también depende de otros muchos factores que creo que, además, en ti confluyen.
    Un abrazo David

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    1. Gracias, Macarena. En realidad, el genio es Ángel Zapata, yo solo he intentado absorber todo lo posible sus conceptos, con los que me identifico y que he resumido en el post. Es evidente que un post o un libro no va a conseguir que domines la narrativa de un día para otro, pero si te da un objetivo, un criterio con el que medir y comparar tu escrito. Como siempre, la teoría se comprende fácil, lo difícil es llevarla a la práctica y muchas veces, los escribientes como yo, caemos inconscientemente en errores que conocemos. Te agradezco muchísimo tus palabras, de verdad. Comentarios como el que me has regalado son vitamina para la escritura. Al menos para comprender que, al menos, estoy en la carretera correcta, aunque todavía me queden miles de kilómetros por recorrer. Un fuerte abrazo!

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  20. Gracias David por esta entrada, como todas, con tu generosa disposición al aprendizaje de los que te leemos. Una abrazo

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    1. Gracias a ti, Emerencia. Estas entradas tienen dos objetivos, el primero, es propio: asentar los conceptos que he leído; el segundo, conseguir explicarlos. Un fuerte abrazo!

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  21. ¡Excelentes consejos David! Me apunto más de uno porque hay cosas en las que suelo fallar. Creo que los ejemplos que das son geniales porque te ayudan a comprender la teoría de manera práctica. Lo comparto, un abrazo

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    1. Gracias, Iris. Me alegran mucho tus palabras porque, te lo aseguro, detrás de este tipo de entradas hay muchas horas de lectura de las tuyas en tu fantástico blog. Un fuerte abrazo!

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  22. ¡Estupenda entrada, David!
    Yo tampoco conocía esa obra de Zapata, ¡pero sin duda me la apunto! Tienes mucha razón cuando dices que no has leído lo suficiente sobre teoría narrativa, esa sensación también me acompañara a mí eternamente.
    Has explicado a la perfección la idea de naturalidad a la hora de escribir, y también das unos consejos y unos ejemplos geniales. Ya conocía tu pequeña inquina hacia las largas descripciones, y en parte te entiendo, ya que, si bien es cierto, a veces te alejan del foco central del relato, y eso me da mucha rabia, o cuando se repiten mucho, igual. Aunque hay que reconocer que hay algunas casi imprescindibles para introducirte aún más en la lectura y hacerte sentir más lo que intenta transmitirte. Otra cosa es el exceso de datos técnicos, ¡sobre todo en la ciencia ficción! Suelen saturar al lector sobre todo cuando es la primera vez que escribes algo de esa temática y quieres transmitir toooodo lo que has aprendido a la hora de documentarte.
    Sobre teoría narrativa creo que no he leído tanto como tu, el último que me leí fue, "mientras escribo", de Stephen King, recomendado precisamente por Noe, Jajajaja, y que tan bien reseñaste en una entrada anterior. Otro que me gusto mucho, aunque más que un libro es un pequeño texto, fue "la filosofía de la composición" de Poe, que más que nada intenta demostrar que un texto, por más o menos intenso que sea, causará más impacto, si su longitud te lo permite, al leerlo de un tirón en un pequeño estadio de tiempo. Y oye... ese detalle es interesante.
    En cuanto al dominio del lenguaje, creo que un buen escritor podría demostrarlo con creces, a veces incluso sin tener que recurrir a descripciones tan tediosas.
    Espero tu próxima entrada, VISIBILIDAD, y no importa lo larga que sea, ¡merecerá la pena!
    Un abrazo!

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    1. Gracias, Ana. ¡Mujer, tampoco es eso! Inquina es una palabra muy fuerte. Aunque es cierto que las descripciones suelo leerlas de una manera vertical. Las descripciones son necesarias por dos motivos: el ritmo de la acción y destacar elementos diferenciadores de lo común. Si el aspecto del personaje, la ciudad o la habitación no tiene nada destacable ¿por qué perder páginas en describirlos? Es mejor que el lector se imagine sus escenarios, al personaje... Otra cosa es que queramos destacar algo importante, eso sí que no puede faltar. Digamos que lo que hay que evitar es FINGIR QUE ESTAMOS CONTANDO.
      Un abrazo!

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  23. Lección magistral la que nos traes, me parece estupenda. Estoy de acuerdo en que un exceso de literatura hace la lectura engorrosa. Me vienen a la memoria la cantidad de novelas tipo "tocho" que si uno quita ese 'exceso' al final se quedan en la mitad. Es muy pesado leer una novela donde hay montones de descripciones almibaradas para, al final, resultar que no está pasando nada.
    No obstante, tampoco me gustan los estilos donde hay un lenguaje demasiado plano, de vez en cuando (pero solo de vez en cuando) me gusta leer textos trabajados, no demasiado, pero sí con un vocabulario rico que me haga visitar el diccionario (pero no mucho).
    Supongo que en el equilibrio está la virtud.
    Estupendo post, David, me lo dejo en la carpeta de favoritos para consultarlo de vez en cuando, aunque mi trayectoria literaria es simplemente "amateur".
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Kirke. Pienso que lo que el escritor debe tener en cuenta es que primero es la historia. Para mí el ejemplo de lo que debe ser un escritor es MIGUEL DELIBES. Sabe dar con el tono narrativo y el lenguaje apropiado en función de la narración. ¿En qué se parecen CINCO HORAS CON MARIO, EL PRINCIPE DESTRONADO Y EL HEREJE? En nada, incluso podría parecer que lo han escrito tres autores distintos. Eso es lo importante. Un fuerte abrazo, ayer publiqué la segunda parte que trata acerca de la VISIBILIDAD espero que te resulte interesante también.

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  24. Hola, David.

    Encontré el libro de Zapata en la biblioteca de mi ciudad hace unos meses y me hice un resumen, así que seguiré tu serie sobre el tema y así de paso lo refresco un poco.

    Respecto a la primera parte, mi conclusión es que el estilo no debe imponerse a la historia. Pero existe el riesgo de resultar demasiado impersonal y prosaico, porque el argumento también es el conducto, la vía a través de la cual el escritor muestra su visión del mundo e incluso exhibe (quiera o no) sus fantasmas. Siempre hay un autor detrás. Ahora que estoy leyendo "Los hermanos Karamazov", encuentro que bajo esa historia de pasiones hay toda una construcción ideológica, toda una exhibición de las lecciones que Dostoievski fue aprendiendo a lo largo de su vida. Por eso me gusta, no es un simple animal de laboratorio. Me ocurre a veces con algunos relatos y con cierta corriente de lo que debe ser un relato: la veo envarada, poco natural.

    Una de las muchas dificultades de escribir supongo que es encontrar el justo equilibrio, y sobre todo, sugerir y buscar cierto conflicto en el lecto. Pero eso lo dice Zapata más tarde, creo, no adelanto.

    Saludos.

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    1. Gracias, Gerardo. Bienvenido a este humilde blog y muchas gracias por tu excelente comentario. Personalmente, pienso que todo parte de tener una historia que contar. Una niña que debe cruzar el bosque sola para llevar una cesta de comida a su abuela, una estatua de oro que decide compartirlo con los pobres... Cuando tienes una historia capaz de ser contada de viva voz, al calor de una hoguera, entonces ya lo tienes todo. Solo hace falta escribirla y revisarla. Pensar en lo que quieres decir en cada frase, preguntarte si está puesta porque sí o tiene una intención. Y, sobre todo, no tener miedo a la tijera para dejar justo lo necesario para transmitir la historia. Por supuesto, todo eso son intenciones; con cada relato, al menos en mi caso, siempre aparecen esas desviaciones que solo las revisiones consiguen enderezar, más o menos. Saludos!!!

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  25. Me ha encantado la entrada David! Leyendo el artículo me he sentido identificado pues creo que he pasado por alguna fase que comentas, jejeje, sobre todo en mi más tierna juventud. Por suerte la práctica y los años lo mejoran todo, aunque sea inevitable cometer algún gazapo de vez en cuando. Mi caso se parece mucho al de Ziorza, no estudié letras –hice diseño gráfico e ilustración, etc– pero llevo escribiendo desde el colegio. En el instituto se pasaban mis textos muy de vez en cuando para sortear el aburrimiento de las clases, jeje. Creo que hace bastante tiempo que no leo nada sobre el tema que comentas y me parece muy interesante. Buscaré el libro de Zapata porque ha conseguido llamar toda mi atención, al igual que estos aportes de tu blog. No sé si ya has publicado la entrada sobre la visibilidad, pero voy a investigá. Un abrazo! ; )

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    1. Gracias, Ramón. En realidad, y por mucho que escribamos, nunca nos planteamos estas cosas en el momento creativo del nacimiento de la historia. Todo esto es más para cuando la historia ya esté escrita y solo le falte pulirla, adornarla, evitando que una buena historia pase desapercibida.
      Leer teoría narrativa no es un requisito indispensable, pero creo que es una estupenda ocasión para reflexionar sobre tu manera de escribir, planteártela, para que si se opta por un determinado estilo sea con conocimiento, no por ignorancia.
      El post sobre la VISIBILIDAD se publicó en abril y esta tarde saldrá el dedicado a la CONTINUIDAD.
      Un abrazo!

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