viernes, 4 de noviembre de 2016

DE TU PROPIA CARNE

"BLOG DE RELATOS", "BEBE EN CUNA", "DEMONIO", "RESURRECCION", "RELATOS RURALES", "MALDICION", "AUTOPUBLICAR", "ESCRITORES NOVELES", "DAVID RUBIO SANCHEZ"


   Aurelio permaneció un instante en el umbral de la puerta del dormitorio, aferrando el almohadón contra sí. Sus latidos casi solapaban la sonora respiración de su mujer. Suspiró profundamente y se sentó en el borde de la cama.

    —¡Jacinta! ¡Jacinta! —gritó mientras la zarandeaba con su mano de campesino—. ¡Que el niño no respira! 

    La mujer abrió los ojos y le agarró del brazo con desesperación, como si tratara de confirmar que lo que acababa de escuchar era solo una pesadilla.

    —¡Dios bendito, Aurelio! ¡No me asustes!

   El severo silencio de su esposo la hizo incorporárse con arrebato, lanzándose por el pasillo entre balbuceos y voces quebradas que llamaban al bebé: «¡Antoñito! ¡Antoñito!»

   Aurelio perdió la mirada en el almohadón. Esperó en la oscuridad del dormitorio hasta que un grito desgarrador, una explosión de llanto, estremeció los muros de aquella casa de pueblo. Carraspeó y se tragó el esputo tras levantarse. Con parsimonia, se dirigió hasta la habitación de su primogénito.

   —Jacinta, voy a por el padre José —dijo al llegar.

   Su mujer no respondió. Abrazada al pequeño, lloraba desconsolada, con la cara escondida en ese cuerpecito nacido de sus entrañas dos meses atrás. Aurelio dejó el almohadón apoyado en una silla y se marchó.

   Aspiró el aroma a pino que traía la aurora de la mañana. Sacó el tabaco y se preparó un cigarrillo. Tras la primera bocanada, se encaminó por la calle empedrada que llevaba a la iglesia.

   El camino lo relajó; si bien, todavía sentía un temblor en las piernas, el mismo que le venía cuando regresaba a su campamento durante la guerra. Hacía dos años que terminó. En unas ocasiones, una eternidad; en otras, un segundo.

   Ya estaba hecho. Él, Aurelio Marín, jamás habría atentado contra su sangre. Pero ese niño no era suyo, ni tampoco de Dios. Y si el Altísimo había consentido el nacimiento de ese hijo del diablo, nada podía reprocharle por haberlo matado antes de que se hiciera hombre. 

   Comenzaba a clarear, el lucero del alba asomaba tras el campanario. La casa parroquial quedaba en la parte posterior de la iglesia.

   Dios debería saber que en la guerra es difícil seguir sus mandamientos. Sobre todo, cuando se tiene hambre. Aun y así, se esforzó en conseguir su perdón y él, que jamás había asistido a misa más allá que en las fechas señaladas, decidió acudir con Jacinta cada domingo.

   Pero no lo escuchó. 

   De haberlo hecho, jamás hubiera permitido que su mujer se empeñara en llamar Antonio a su hijo, y mucho menos que al nacer presentara una marca negra en el pecho, con forma de estrella, como el recuerdo de un agujero de bala. Quizás no creyó sincero su arrepentimiento o, quizá, el Demonio se mostró más interesado en los asuntos de los hombres.

   Aurelio agarró el llamador y picó con fuerza.

   —¡Padre José! —gritó acompañando a los golpes.

   Mientras que el apesadumbrado cura se vestía los hábitos, encendió otro cigarrillo. Jacinta todavía tenía edad para concebir. Ya vendrían más hijos, tal vez cinco o seis. Pero esos serían suyos y no engendros nacidos de una maldición.

  Subieron con dificultad la empinada cuesta que les llevaba de vuelta a su casa. El religioso le preguntaba si el niño padecía enfermedad o si había sufrido caída o golpe. Aurelio se limitó a decir: «Le habrá cogido un aire».

  Cuando encararon el último tramo, Aurelio empalideció. Unos llantos ahogados, pero estruendosos, salían de su casa.

  —¿No es eso el lloro de un bebé? —preguntó el cura, aunando en su rostro una expresión de alivio y una mirada rigurosa.

  —Yo… no.

  Entraron y se dirigieron a la habitación del bebé. Allí observaron a Jacinta de pie, acunándolo.

   —¡El niño respira, Aurelio! ¡Tu hijo está vivo!

  El cura se santiguó mientras Aurelio observaba cómo el niño contenía el llanto y clavaba los ojos enrojecidos en él. Se estremeció. Comenzó a temblar al ver en ellos la misma mirada desafiante de aquel terco muchacho de diez años. Su destacamento había sufrido una emboscada y él fue de los pocos supervivientes. Estaba hambriento. Solo quería llevarse una gallina. Pero el crío tuvo que hacerse el hombre. Se llamaba Antonio. Lo supo por boca de su madre que, alertada por el disparo, salió del cortijo. 

  Jacinta le estaba hablando, pero Aurelio no la escuchaba. En su cabeza resonaba, una y otra vez, la condena que aquella bruja le impuso a la infamia cometida: «¡Asesino! ¡Míralo! ¡Míralo bien y recuérdalo! Porque renacerá en el vientre de tu mujer para matarte».

   Así le maldijo, mientras taponaba la hemorragia mortal que manaba del pecho de su Antonio.


©David Rubio Sánchez. Texto y dibujo

47 comentarios:

  1. Genial relato muy bien ambientado en un ambiente de provincia. Tomas también la creencia en maldiciones y religión que se tienen tan presentes en el interior de la mayoría de países, especialmente latinos.
    Mantienes el suspenso durante todo relato con un final sorpresivo. Buenisimo. Saluditos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Mendiel. El sentimiento de culpa, los remordimientos, son la base de todas las maldiciones. Saludos!

      Eliminar
  2. Estremecedor tu relato, David. Y no puedo dejar de preguntarme si lo que Jacinto ve en el niño es sólo fruto de su imaginación o hay algo de verdad en la maldición que le echara la madre de Antonio unos años atrás.
    Un saludo, compañero.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Bruno. ¿Quién sabe? Aunque creo que la verdadera maldición es el remordimiento con el que debas cargar toda tu vida. Un saludo!

      Eliminar
  3. Muy bueno David, me ha encantado y te mantiene expectante hasta el final. Opino igual que Bruno, hace que te preguntes si son los traumas de Jacinto los que hablan o es esa maldición por matar a un crío en tiempos de guerra. Aunque no sé por qué, pero me imagino lo segundo, jeje ; )

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Ramón. La primera idea fue esa, después dejé todo un tanto en el aire. Es bueno dejar margen a interpretaciones. Muchísimas gracias por pasar. Un abrazo!

      Eliminar
  4. Un relato que dibuja el tiempo de la posguerra, Está ambientado en una familia que cree en las madiciones, un buen relato. Un abrazo

    ResponderEliminar
  5. Un gran relato. Te pone los pelos de punta. Parece que ese niño es más fuerte de lo que él pensaba.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, María. Precisamente, de ahí el título. Me preguntó cómo será ese niño cuando crezca. Un abrazo!

      Eliminar
  6. Un buen relato David, según se va leyendo la historia no sabes como va a ser el desenlace de ahí que al intriga se mantenga hasta el final.
    Ese hombre agobiado por el odio y la miseria fruto de una guerra le llevan a situaciones extremas.
    Un abrazo .
    Puri

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, querida Puri. El remordimiento es una condena de por vida, como el terror por un castigo del que sabes que eres merecedor aunque te justifiques. Un abrazo

      Eliminar
  7. ¡Wow, David! Un relato alucinante, una revelación final sobrecogedora para una trama hilada de manera perfecta. Nos haces pasar por angustiantes monentos, diferentes interpretaciones de una verdad que concluye terrorífica y de kármica paranormalidad. De la muerte súbita (cosa ya, sumamente terrible), al filicidio, para acabar con el alivio seguido de una maldición que nos deja K.O.
    Es el segundo relato que te leo, te añado a mi lista de blogs que sigo. Una gozada leerte.
    ¡Saludos, Compañero de Letras!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Edgar. Te agradezco mucho tus palabras y me honra que añadas este blog a tu lista. Muchísimas gracias por comentar. Un abrazo

      Eliminar
  8. Un relato sobrecogedor, David. Poco a poco nos vas dando toda la información mientras nos mantienes ávidos de ella, pendiente de cualquier detalle que revele tus letras y que nos ayude a comprender.

    El argumento da escalofríos, la verdad. Los fantasmas del pasado no dejarán en paz al pobre Aurelio...

    Enhorabuena, me ha gustado mucho.

    ¡Saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Julia. Te agradezco tus palabras. Se hace lo que se puede, dosificar información es la clave para mantener el suspense, aunque es complicado en estos relatos cortos. Saludos!

      Eliminar
  9. Excelente relato David, :)
    Al principio creía que trataba de daños psicológicos provocados por la misma guerra, de allí el horror de asesinar a su propio hijo. Pero cuando me iba adentrando, dejaba una sensación de incertidumbre hasta que muestra la verdad, una maldición que no se detendrá hasta consumarse.

    Has sabido jugar muy bien con la historia, :)
    ¡Felicidades!

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Irene. El remordimiento, esa es la condena y maldición que siempre nos acompañará. Un abrazo!

      Eliminar
  10. Muy bueno David. Me has tenido pendiente hasta el final por la buena ambientación y la intensidad del argumento que relatas.
    Me quedo por tu blog para volver a leerte.
    un abrazo compañero.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Francisco. Para mi es un honor contar con tu lectura. Un abrazo de vuelta.

      Eliminar
  11. MUY BUENA HISTORIA, REPRESENTA EXCELENTEMENTE LA PROVINCIA Y LAS LEYENDAS DE LAS ZONAS RURALES, Y SOBRE TODO EL SENTIMIENTO DE CULPA DE EL MAL COMETIDO Y LE REMORDIMIENTO QUE SE TIENE, Y EL MIEDO INFLUENCIADO POR LA CULPA JUNTO CON EL MIEDO A LO DESCONOCIDO... MUCHAS FELICIDADES DAVID,

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Juan Carlos. Te agradezco tu lectura y tus palabras que tanto reconfortan a quien escribe. Saludos!

      Eliminar
  12. Una estupenda idea para desarrollarla tan bien como considero la que nos has relatado, queda todo muy bien reflejado como en una película de suspense y terror, ya que las imágenes sobresalen del texto. La leyenda de esa maldición da bastante juego y es precisamente lo que le da este carácter enigmático y sobrecogedor.
    En general, David, me parece estupendo y te felicito por compartirlo.
    Cordial saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Al contrario, Estrella, soy yo quien está honrado de contar con tu lectura. Saludos!!

      Eliminar
  13. Pues finalmente parece que la amenaza acabó surgiendo efecto y el pequeño Antonio se reencarnó en su hijo para vengar su propia muerte.
    Un relato fantástico que al principio llena al lector de sombras y dudas pero que al final acaba aclarando el porqué de todo.
    Todo un acierto.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  14. Saludos David! Fantástico relato muy bien detallado y con buenos matices, que nos conducen a meternos tanto en el atormentado personaje, como en la España profunda de aquella época. Me he sorprendido gratamente con el giro que me llevado en la parte final de la historia.
    Saludos!

    ResponderEliminar
  15. Saludos David! Fantástico relato muy bien detallado y con buenos matices, que nos conducen a meternos tanto en el atormentado personaje, como en la España profunda de aquella época. Me he sorprendido gratamente con el giro que me llevado en la parte final de la historia.
    Saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Gema, te agradezco muchísimo tu visita y tu comentario. Saludos!

      Eliminar
  16. Genial relato, David! Aunque no sé porque, no me imaginaba ese final, ¡me ha sorprendido!
    Esos temas relacionados con el mal encarnado siempre llamaron mucho mi atención, y has conseguido con muy pocas palabras crear una atmósfera perfecta para su desarrollo.
    Un saludo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola Ana! Me alegro de que no imaginaras el final. Muchas gracias por pasar y comentar. Saludos!

      Eliminar
  17. ¡Me ha encantado, David! Las maldiciones, las profecías y el mal hecho carne siempre me han impresionado mucho. Cuando el mal toma una forma inocente salen historias geniales, sobre todo si se saben narrar bien y tú sabes de sobra. Me gusta tu estilo. Es sencillo y directo, sin florituras innecesarias ni cursilerías. Eso hace que tus relatos sean más impactantes.
    ¡Saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Noemí. La verdad es que así es cómo me gustan que me cuenten historias... también es verdad que cuando me pongo a describir espacios, ambientes soy bastante flojillo. Cada uno esconde sus defecto como puede, je,je,je. Un abrazo

      Eliminar
  18. Pues parece ser que la maldición se cumplió,para desgracia del padre. Muy bien llevado como siempre David, a ver si te animas a traernos la venganza de ese Antoñito ya crecido.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ja, ja, ja... Me parece que no, la historia escrita termina aquí, el resto lo dejo a quienes lo habéis leído. Un abrazo!

      Eliminar
  19. Muy buen relato, David! Me ha tenido en suspenso hasta el final. Y el final, con su carga de magia le cae encima como una guillotina.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Mirna. Te agradezco tus palabras. Un abrazo!

      Eliminar
    2. ¡Excelente, David! Un juego magnífico con los "posos"que dejan las tragedias en el alma de la gente: las maldiciones, los rencores, la superstición...
      Aplausos.

      Eliminar
    3. Gracias por tu visita y comentario Beba. Eso que mencionas es la matería prima que utilizamos para escribir. Un fuerte abrazo

      Eliminar
  20. Un micro logrado, como todo lo que escribes, David. El título me sugería una historia más sobre la Guerra Civil Española, pero no. Es algo muy diferente. La superstición y nada más. Recibe un gran abrazo literario.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Lola. La verdad es que el ambiente histórico no suele ser relevante en mis historias, al menos hasta ahora. Este tiene una ambientación rural y una guerra, que podría ser la Guerra civil o cualquier otra, aunque es verdad que para la visualización de la historia tomé como referencia a las imágenes que de esa época me contaban mis abuelos que sufrieron la guerra en el pueblo. Un abrazo!!

      Eliminar
  21. Cuánto me gusta, David, leerte.
    El caso es que el relato que hoy propones, no me parece tan irreal. Es la más pura España profunda de la posguerra: maldiciones, curas a los que se acude para todo, niños con marcas y deformidades a los que se les considera malditos, expresiones populares como la de "le ha dado un aire" que me decía a mí mi abuelo cuando era niña y ponía caras feas,.. Desde luego que has sabido condensarlo todo en un no muy extenso relato. Me fascina tu capacidad para hacerlo.
    Un gusto siempre leerte.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Macarena. El gusto es mio por tu lectura. Este relato lo escribí en una época que me dio por estos ambientes rurales en los que la ignorancia, la superstición, la brutalidad de los actos parecían tener mejor cabida. No me extraña que tu abuela usara esa expresión dado que mis raíces son almerienses y para escribirlo intente inspirarme en mis recuerdos de cuando pasaba allí los veranos. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  22. Me gusta. Permitirás un devaneo de tiquismiquis, justificado por el placer que me da la,lectura de tus relatos. Tal vez, si tuvieses la desfachatez de colocar de mano una pista a la maldición, el lector empedernido te lo agradeciese. Cada vez estoy más convencido de que los buenos escritores, como es tu caso, no necesitan esta especie de plaga de la,sorpresa , sobre todo si manejan el,suspense dl modo como tú lo haces.
    Ya sabes que esto es opinión, y como tal despreciable,y próxima a la ignorancia.�� Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Don! Te agradezco mucho tu sugerencia respecto a esa referencia anterior. Este relato lo escribí en un taller de Literautas de hace unos tres años. A lo mejor lo recuerdas, todos los relatos debían titularse LA MALDICIÓN.
      Lo que me ha parecido también muy interesante es lo que comentas de la plaga de la sorpresa. He leído tu comentario esta mañana y he estado pensando sobre ello... Tanto que me parece que me has dado una idea para desarrollarlo como entrada. Creo que los finales sorpresivos tienen pros y contras. También son etapas. Los relatos que estoy subiendo hasta ahora al blog tienen unos años cuando es cierto que quizá abusaba del elemento sorpresa. Curiosamente, desde que terminé el libro de ciencia ficción, lo que he escrito está un tanto alejado del género fantástico.
      Como he estado pensando, y pensando, y luego he pensado un poquito más desarrollaré este tema en una entrada blog a ver qué te parece. Un fuerte abrazo!!

      Eliminar
  23. No lo había leído pero me ha gustado mucho la verdad, me has tenido intrigada hasta el final, sigue escribiendo David, entre la máquina de café de Josep María y tú con este relato, he tenido una mañana entretenida entre mil follones que he tenido esta mañana Un abrazo. TERESA.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Teresa. Precisamente voy a por el relato de Josep María en un plis plas. Un fuerte abrazo!

      Eliminar

Deja tu huella en el blog con un comentario. Y si te ha gustado puedes compartirlo en tu espacio social utilizando los botones sociales que aparecen a tu izquierda. ¡Gracias!

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

LO + VISTO ESTA SEMANA